Se enciende otra luz roja en la economía de Milei: crecen las refinanciaciones y miles de familias ya no logran pagar sus deudas

Mientras el Gobierno celebra indicadores macroeconómicos y promete una recuperación que no termina de llegar al bolsillo, los bancos admiten un fuerte aumento de clientes con problemas de pago. Comerciantes, empleados y jubilados describen una realidad muy distinta a la de los discursos oficiales.

La motosierra sigue mostrando resultados en las planillas oficiales, pero la realidad cotidiana parece empeñada en contar otra historia. En los últimos meses, una porción cada vez más importante de los argentinos tuvo que renegociar sus deudas para evitar caer en incumplimiento, una señal que en el sistema financiero observan con creciente preocupación. El fenómeno atraviesa tarjetas de crédito, préstamos personales y financiamiento para consumo.

“Antes la gente refinanciaba para comprar algo más. Ahora refinancia para pagar lo que ya compró hace seis meses”, resumió el gerente de una sucursal bancaria del oeste bonaerense. Según explicó, el perfil de los clientes cambió drásticamente: ya no se trata sólo de personas con ingresos informales o problemas laborales, sino también de profesionales, empleados públicos y trabajadores registrados.

La situación se refleja también en los comercios. El dueño de una casa de electrodomésticos de la zona sur aseguró que las ventas siguen existiendo, pero cada vez más clientes preguntan primero por las cuotas y después por el producto. “La gente entra con calculadora. Ya no compra porque quiere, compra porque necesita y después ve cómo hace para pagarlo”, señaló. En varios rubros reconocen que crecieron las consultas para refinanciar saldos pendientes y que algunos compradores directamente dejaron de retirar mercadería reservada.

Entre los jubilados, el panorama aparece todavía más delicado. “Todos los meses saco cuentas para decidir qué pago primero. La tarjeta se convirtió en una extensión de la jubilación”, contó Marta, de 72 años, vecina de Avellaneda. Un empleado administrativo de una empresa privada aportó una imagen similar: “Hace un año podía ahorrar algo. Hoy cobro y en diez días desapareció la plata. Si aparece una emergencia, la tarjeta explota”.

Los bancos optaron por refinanciar antes que ejecutar. La lógica es sencilla: un cliente que renegocia todavía puede pagar algo; uno que deja de pagar directamente se transforma en un problema. Por eso las entidades multiplicaron los acuerdos para extender plazos y rearmar compromisos financieros, mientras rechazan cualquier intervención estatal y apuestan a contener el deterioro por sus propios medios.

La paradoja es difícil de ocultar. Mientras desde la Casa Rosada se insiste en que la economía atraviesa una etapa de ordenamiento histórico, cada vez más hogares necesitan pedir permiso para seguir pagando gastos corrientes. Las refinanciaciones no generan corridas ni ocupan pantallas durante horas. Son algo más silencioso. Y en la Argentina, cuando el endeudamiento familiar empieza a convertirse en una forma de supervivencia, suele ser porque la fiesta de los números ya terminó y llegó la cuenta.

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