Un testículo más chico que el otro: el secreto anatómico que inquieta a millones de hombres y casi nadie consulta

Urólogos advierten que la asimetría testicular es habitual, pero el silencio masculino, el miedo al ridículo y Google a las tres de la mañana convierten un dato normal del cuerpo en una fuente permanente de angustia

La escena es conocida en los consultorios de urología: hombres adultos que llegan con cautela, bajan la voz y formulan la pregunta como si estuvieran confesando un delito menor. Uno de los testículos es más chico que el otro. No desde ayer, no después de un golpe heroico, sino desde siempre. El doctor Mariano L., urólogo del Hospital de Clínicas, lo resume sin dramatismo: “Más del 80% de los pacientes que preguntan por esto no tiene ninguna patología. El cuerpo humano no es simétrico. El problema no es el tamaño, es el silencio”.

Ese silencio suele durar años. Pablo, 42 años, administrativo, cuenta que convivió más de una década con la duda. “Lo noté a los treinta. Pensé que iba a empeorar o que ya era tarde para hacer algo. Nunca me animé a decirlo ni a mi pareja. Cuando fui al médico, me dijeron que era normal y que estaba perfecto. Salí enojado conmigo mismo”. Historias similares se repiten en hospitales públicos y clínicas privadas: hombres que llegan tarde, angustiados y con diagnósticos autoadministrados después de maratones nocturnas en Google.

Los especialistas insisten en que una leve diferencia de tamaño, especialmente entre el testículo izquierdo y el derecho, es frecuente y esperable por cuestiones anatómicas y circulatorias. “La consulta debería activarse cuando hay cambios bruscos, dolor, endurecimiento o aumento rápido de tamaño”, explica la doctora Laura G., del Hospital Italiano. “Pero la mayoría llega por miedo, no por síntomas. Y el miedo suele estar alimentado por ideas muy arraigadas sobre la masculinidad y la fertilidad”.

El impacto psicológico no es menor. Andrés, 35 años, diseñador, relata que la duda se volvió obsesiva. “Empecé a pensar que era menos hombre, que algo no funcionaba bien. Todo sin una sola consulta médica. Era una película que me armé solo”. Según reconocen los profesionales, el pudor sigue siendo una barrera poderosa: muchos hombres prefieren soportar la incertidumbre antes que verbalizarla, incluso en contextos íntimos.

Desde la medicina, el mensaje es directo y poco épico: observar, palpar y consultar no pone en riesgo la virilidad. La autoexploración testicular regular permite detectar cambios reales y descartar fantasmas. La asimetría leve no es noticia. Lo que sí preocupa a los médicos es el tiempo perdido por miedo o vergüenza. En una época obsesionada con el control del cuerpo y el rendimiento, los testículos siguen siendo un tema tabú. Y ese tabú, advierten, suele pesar más que cualquier diagnóstico.

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