La aplicación que promete evaluar lunares con una simple foto del celular sigue creciendo en descargas en Estados Unidos, pero también en rarezas. En redes y foros comenzaron a aparecer testimonios de usuarios que admiten una decepción difícil de disimular cuando el algoritmo descarta riesgos. El ritual se repite: expectativa, escaneo, veredicto tranquilizador y una sensación de vacío que muchos describen como anticlimática, como si la salud fuera una mala noticia en un contexto donde todo lo demás ya está mal.
El funcionamiento de la app es tan simple como contundente: el usuario fotografía una mancha o lunar, el sistema analiza color, bordes, simetría y textura, y devuelve un resultado clasificado en niveles de riesgo. Todo ocurre en segundos, sin turnos, sin salas de espera y sin humanos a la vista. La empresa asegura que el modelo fue entrenado con miles de imágenes dermatológicas y aclara que no diagnostica, “orienta”. Para muchos usuarios, sin embargo, el veredicto algorítmico adquiere el peso simbólico de una sentencia: si no hay peligro, no pasó nada.
Especialistas en ciencias sociales leen el fenómeno más allá de la salud. Para varios sociólogos citados en la prensa estadounidense, la voluntad —más o menos consciente— de recibir un diagnóstico grave se explica por el aburrimiento estructural y un clima económico asfixiante. “En vidas sin horizonte, la enfermedad funciona como acontecimiento”, sintetizó Eric Klinenberg. La patología devuelve narrativa, justificación y una agenda clara cuando el trabajo, el dinero y el futuro dejaron de hacerlo.
Desde la psicología social, el diagnóstico es igual de áspero. “La crisis produce existencias planas; la enfermedad legitima el malestar”, advirtió Sherry Turkle, al señalar que estas apps convierten la autoobservación en entretenimiento. Mientras dermatólogos insisten en que ningún algoritmo reemplaza una consulta real, el fenómeno avanza. En tiempos de inflación, precariedad y tedio digital, incluso el cáncer empieza a circular como expectativa. No por morbo: por necesidad de sentido.

