La escena se repite con una puntualidad incómoda: sirenas, tránsito colapsado y un nuevo accidente en la traza del Ferrocarril Sarmiento, esta vez en Ramos Mejía, dentro de La Matanza. Una formación impactó contra una camioneta que habría cruzado con la barrera baja, según la versión inicial. El resultado fue el de siempre: heridos, demoras y una sensación de déjà vu que en el barrio ya no sorprende a nadie.
Aunque el hecho fue presentado como un incidente vial más, en la zona volvió a emerger un malestar persistente. Comerciantes y vecinos aseguran que los pasos a nivel funcionan “como pueden”, con señalización deficiente y barreras que, según relatan, “no siempre bajan a tiempo”. “Acá no hay control constante. A veces ves un banderillero, a veces no. Es una lotería”, explicó Marta Gómez, dueña de un kiosco sobre la traza. Otro vecino, que prefirió no dar su nombre, fue más directo: “Después salen a decir que fue culpa del conductor, pero esto pasa seguido. Nadie se hace cargo”.
El episodio vuelve a incomodar a la gestión de Fernando Espinoza, que ya arrastra cuestionamientos por el estado de la infraestructura urbana en distintos puntos del distrito. Si bien la operación ferroviaria depende de la Nación, en el municipio reconocen en privado que la seguridad en los cruces es una zona gris donde nadie parece querer quedar pegado. “Se tiran la pelota entre Nación y municipio, mientras tanto los vecinos cruzan como pueden”, deslizó un comerciante de la zona, en una frase que se repite con sospechosa frecuencia.
El Sarmiento, una de las líneas más utilizadas del país, acumula antecedentes que van desde accidentes menores hasta tragedias que marcaron a fuego la memoria colectiva. En ese contexto, cada nuevo choque activa un reflejo automático: indignación breve, cobertura intensa y, después, silencio. En Ramos Mejía, mientras tanto, el tránsito volvió a la normalidad en pocas horas. La incertidumbre también.

