La interna del peronismo bonaerense dejó de ser un murmullo de pasillo para convertirse en una pelea abierta por el poder. En las últimas horas, Verónica Magario avaló el desembarco de un dirigente cercano a Axel Kicillof en una de las comisiones más sensibles del Senado provincial y el movimiento fue interpretado como un mensaje directo contra Máximo Kirchner y la estructura de La Cámpora. En La Plata aseguran que varios intendentes celebraron la decisión en privado. La política argentina mantiene esa tradición hermosa de sonreír en los actos mientras se cuentan cadáveres políticos debajo de la mesa.
La comisión controla negociaciones legislativas, acuerdos internos y expedientes de alto voltaje político. Durante años funcionó como un territorio bajo influencia camporista. El cambio generó malestar inmediato entre senadores que responden al cristinismo, donde consideran que Kicillof empezó a ejecutar una estrategia para recortar poder a la agrupación fundada por Máximo Kirchner. Algunos dirigentes peronistas incluso deslizan que el gobernador busca despegarse definitivamente del esquema que dominó el PJ bonaerense durante la última década.
El enojo no se limita al Senado. En municipios del conurbano empezó a crecer un clima de fatiga con el verticalismo camporista y con el sistema de decisiones cerradas alrededor de un grupo reducido de dirigentes. Varios jefes comunales consideran que La Cámpora quedó desconectada de la crisis social y económica que atraviesa la provincia. “La gente no llega a fin de mes y ellos siguen discutiendo cajas, cargos y sellos”, mascullaba por estas horas un dirigente territorial que hasta hace poco compartía actos y campañas con el kirchnerismo duro.
En medio del deterioro económico y la caída de la imagen del peronismo en la Provincia, el avance del axelismo sobre áreas estratégicas aparece como el síntoma de una disputa mucho más profunda. Cerca de Kicillof creen que el liderazgo de Máximo Kirchner entró en una etapa de desgaste irreversible. En los pasillos legislativos ya circula una frase cruel que resume el nuevo clima interno: “La Cámpora todavía conserva oficinas, aunque cada vez menos poder”. El peronismo, esa maquinaria que detecta olor a debilidad con la sensibilidad de un tiburón oliendo sangre en el agua.

