“Tomar sol por el ano”: la práctica new age que llegó a la Argentina y ya preocupa a médicos por quemaduras y consultas insólitas

Influencers de bienestar, coaches espirituales y gurús del biohacking impulsan una técnica que promete “recargar energía” exponiendo zonas íntimas al sol. En hospitales y consultorios privados ya hablan de pacientes con irritaciones, ampollas y cuadros difíciles de explicar.

La escena empezó a repetirse en plazas, terrazas y retiros espirituales: personas acostadas boca arriba, piernas elevadas y sesiones breves de exposición solar en zonas íntimas. La práctica, conocida en redes internacionales como “perineum sunning”, fue difundida por influencers ligados al yoga extremo, el biohacking y ciertas corrientes de bienestar alternativo que prometen mejoras en el ánimo, aumento de energía vital y hasta regulación hormonal. Ninguna de esas afirmaciones tiene respaldo científico sólido. Lo que sí existe son dermatólogos cansados de explicar que la piel de esa zona no está preparada para recibir radiación ultravioleta directa.

En consultorios de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano comenzaron a aparecer consultas vinculadas a irritaciones severas y quemaduras. “Hay pacientes que llegan muy incómodos, inventan primero que se sentaron sobre superficies calientes o que tuvieron una reacción alérgica. Después terminan contando que probaron técnicas de exposición solar porque vieron videos de bienestar en TikTok o Instagram”, explicó Mariana Celaya, médica dermatóloga del Hospital Durand. Según detalló, la zona perineal tiene una sensibilidad mucho mayor que otras partes del cuerpo y puede sufrir lesiones incluso tras pocos minutos de exposición intensa.

En algunos gimnasios boutique y espacios de meditación urbana la práctica empezó a circular de manera casi clandestina. Un instructor de yoga de Palermo, que pidió reserva de identidad para evitar “quilombos innecesarios”, contó que varios alumnos llegaron preguntando por ejercicios complementarios para “potenciar la absorción energética”. “Muchos vienen agotados, con ansiedad, problemas para dormir, sienten que el cuerpo no les responde. Internet les vende soluciones rápidas para todo. Antes compraban piedras energéticas; ahora toman sol en lugares improbables”, resumió.

Especialistas en salud mental también relacionan el fenómeno con el crecimiento de discursos pseudocientíficos ligados al bienestar extremo y la hiperproductividad. En un contexto de estrés económico, jornadas laborales fragmentadas y fatiga digital, proliferan rituales que prometen recuperar vitalidad con métodos cada vez más extravagantes. Dietas imposibles, baños helados, ayunos prolongados y ahora sesiones de “carga solar íntima”. El mercado del bienestar encontró una verdad brutal: siempre habrá alguien dispuesto a pagar cursos para hacer cosas que hace veinte años habrían motivado una intervención familiar.

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