Entró al banco por una tarjeta, comió un chipá y terminó en la morgue: el trámite que salió definitivamente mal

Domingo Celestino Silva esperaba ser atendido en una sucursal del centro de Posadas cuando un trozo de comida le obstruyó la tráquea. Empleados, custodios y médicos intentaron salvarlo ante la mirada aterrada de los clientes, que esa mañana descubrieron que siempre puede aparecer un trámite peor que el propio.

Domingo Celestino Silva había llegado poco después de las nueve de la mañana al Banco Macro de Belgrano y Buenos Aires, en pleno centro de Posadas. Quería retirar una tarjeta de débito, esa pequeña pieza de plástico indispensable para demostrar que el dinero de uno sigue perteneciendo, en términos generales, al banco. Antes de entrar compró un chipá y comenzó a comerlo mientras esperaba su turno. La combinación entre hambre, paciencia bancaria y queso almidonado hizo el resto: un pedazo quedó atascado en su tráquea y Silva empezó a ahogarse en medio del salón.

Según reconstruyeron los testigos, los primeros pedidos de auxilio alteraron la habitual paz funeraria de la sucursal. Una agente de seguridad privada contó después a los policías que empleados y custodios corrieron para asistirlo y le practicaron la maniobra de Heimlich. Consiguieron expulsar el alimento, pero Silva ya había perdido el conocimiento. Los clientes se apartaron de los asientos y observaron la escena con esa mezcla de espanto y culpa propia de quien comprende que acaba de quejarse durante veinte minutos porque no avanzaba la fila.

La ambulancia llegó pocos minutos después. Los médicos iniciaron maniobras de reanimación cardiopulmonar y trabajaron durante un largo rato sobre el cuerpo, mientras alrededor seguían las pantallas, las ventanillas y los números congelados. Los testimonios recogidos entre empleados y personal de seguridad coincidieron en que la ayuda fue inmediata. El problema fue que la muerte, a diferencia de la atención bancaria, no necesitó turno previo y pasó directamente.

La médica policial determinó que Silva murió por un paro cardiorrespiratorio no traumático provocado por la obstrucción de las vías respiratorias. El juez de Instrucción Miguel Mattos ordenó trasladar el cuerpo a la Morgue Judicial y tomó declaración a quienes presenciaron el episodio. La Dirección de Cibercrimen copió las imágenes de las cámaras para reconstruir minuto a minuto la tragedia, porque la burocracia argentina puede llegar tarde a casi todo, salvo al momento de abrir un expediente.

La investigación descartó discusiones, agresiones o conflictos anteriores con el personal. Silva había llegado solo, había comprado un chipá y esperaba retirar su tarjeta. Eso fue todo. Afuera, Posadas continuó funcionando con su eficacia habitual; adentro quedaron una tarjeta sin entregar, varios clientes conmocionados y un número que nadie volvió a llamar. El banco cerró finalmente la operación del modo más brutal: sin débito, sin crédito y con el titular definitivamente dado de baja.

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