Pánico y guerra peronista en Quilmes: el Hombre Gato habría vuelto justo cuando el PJ se destroza por dentro

Una versión todavía no corroborada ubica a la siniestra figura en el distrito gobernado interinamente por Eva Mieri. Mientras Mayra Mendoza y La Cámpora profundizan su pulseada con Axel Kicillof, crecen los cuestionamientos por la falta de patrullajes y las fallas en las cámaras municipales.

El Hombre Gato habría elegido Quilmes para regresar después de cuatro décadas. El momento no podría ser más oportuno: calles oscuras, vecinos preocupados por la inseguridad y un peronismo que pasa más tiempo arañándose por la candidatura de 2027 que vigilando los techos. Una versión no corroborada habla de un presunto avistamiento nocturno de una figura compatible con la descripción histórica del personaje. Hasta ahora no aparecieron imágenes verificables, una denuncia formal ni un parte policial que confirme el episodio. El monstruo conserva así su principal ventaja táctica: todos hablan de él y nadie consigue encontrarlo.

La inquietud desembarcó en un municipio conducido interinamente por Eva Mieri desde que Mayra Mendoza pidió licencia para asumir como diputada provincial. La exintendenta, sin embargo, continúa al frente del PJ quilmeño y en marzo renovó su conducción partidaria acompañada por Máximo Kirchner, una fotografía bastante clara de su posición dentro de la interna bonaerense. Meses después también impulsó la consigna “Kirchner para la Argentina”, interpretada como otro respaldo al hijo de Cristina frente a las aspiraciones presidenciales de Kicillof. El supuesto felino apareció, entonces, en un territorio donde las garras ya estaban afiladas desde mucho antes. 

La Municipalidad no difundió hasta el momento una explicación específica sobre el presunto avistamiento. Tampoco informó si revisará cámaras o reforzará recorridas en la zona donde habría ocurrido. La ausencia de confirmaciones no demuestra que exista una criatura enmascarada saltando paredes, pero tampoco ayuda a tranquilizar a una población que lleva meses escuchando críticas por las deficiencias del sistema preventivo. La concejal libertaria Estefanía Albasetti cuestionó recientemente la falta de patrullajes y el funcionamiento de las cámaras, y reclamó reforzar la Patrulla Urbana en las áreas más golpeadas por el delito. Su planteo no prosperó en el Concejo Deliberante. Evidentemente, el oficialismo consideró que Quilmes ya tenía suficiente vigilancia. El Hombre Gato, de existir, agradecido.

El contraste resulta todavía más incómodo porque el gobierno municipal presentó para 2026 un plan con “objetivos claros y medibles”, financiado mayormente con recursos propios. El presupuesto comunal asciende a $504.890 millones y representa un incremento del 94% respecto del ejercicio anterior. Hay fondos, programas, tasas y discursos de gestión. Lo único que todavía no apareció es una cámara capaz de registrar con nitidez al supuesto atacante.

El expediente imposible que aterrorizó a la provincia

La leyenda original comenzó en Brandsen durante el invierno de 1984. Los testimonios de entonces, registrados por diarios y cámaras de televisión, describían a un hombre alto, atlético, vestido de negro, con máscara felina y guantes provistos de púas metálicas. La figura recorría techos, rascaba puertas y emitía maullidos antes de escapar. Durante casi siete meses se denunciaron apariciones en Brandsen, Monte Grande, Burzaco, La Plata y otros puntos del conurbano.

El caso dejó de parecer una broma cuando una joven de 22 años denunció que un intruso había entrado en su habitación e intentado abusar de ella. Según su declaración, consiguió resistirse y el agresor escapó después de herirla. Otro joven relató ante la prensa que el atacante lo persiguió durante dos cuadras, lo sujetó del cuello y lo golpeó mientras maullaba. “Era más alto que yo, de un metro ochenta”, declaró. El episodio quedó registrado en los archivos periodísticos de la época y fue reconstruido décadas más tarde por investigadores de leyendas bonaerenses. El historiador Nicolás Colombo ubicó los primeros casos en Brandsen en 1984 y posteriores apariciones en La Plata y Tolosa.

Marcelo Castillo, un adolescente de 17 años, también aseguró haber peleado con la criatura en un terreno baldío. “Me arañó el cuello, cara y cabeza”, contó entonces. Una vecina aportó una conclusión menos sobrenatural y bastante más inquietante: si aparecía en lugares alejados a la misma hora, no podía tratarse de un solo hombre. El pánico terminó generando patrullas improvisadas con palos, cadenas y armas. Un profesor de karate y un joven boxeador fueron señalados injustamente porque coincidían con la descripción física. Para atrapar a un monstruo imaginario, el pueblo estuvo cerca de fabricar víctimas reales. 

Las explicaciones oscilaron entre un agresor disfrazado, varios imitadores, una secta brasileña y una operación destinada a distraer a la población en plena crisis económica del gobierno de Raúl Alfonsín. Ninguna pudo comprobarse. El personaje desapareció a comienzos de 1985 y terminó convertido en canción de Ricky Maravilla, destino bastante más cruel que cualquier condena judicial.

Ahora la leyenda vuelve a rozar Quilmes, aunque sin evidencia independiente que permita hablar de algo más que una versión. Si existe un atacante disfrazado, la Municipalidad deberá identificarlo. Si fue una broma, tendrá que determinar quién decidió convertir la inseguridad en teatro experimental. Y si se trata de una operación política, sería apenas otra criatura surgida de la interna peronista: negra, escurridiza y capaz de trepar cualquier pared con tal de conseguir un cargo.

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