Santiago Passaglia descubrió esta semana que en San Nicolás hay un hospital provincial deteriorado y decidió hacer lo que mejor funciona en la política argentina cuando aparece una pared descascarada: sacar el teléfono. El intendente recorrió el Hospital Interzonal San Felipe, filmó baños tapados, vidrios faltantes, persianas rotas, un ascensor fuera de servicio y problemas con la caldera y convirtió el paseo sanitario en un desafío a Nicolás Kreplak. “Si no pueden hacerse cargo, que nos lo pasen al municipio. Nosotros nos ocupamos”, lanzó. La puesta en escena fue eficaz. Tan eficaz que por momentos parecía que Passaglia acababa de llegar a San Nicolás y se encontraba por primera vez con un hospital que lleva años atendiendo a los vecinos de la ciudad y de buena parte de la región.
El episodio venía calentándose desde un día antes, cuando el intendente comenzó a subir imágenes del San Felipe y el ministro bonaerense decidió responderle con una delicadeza también típicamente institucional. “No sé si sos hijo, hermano o intendente”, disparó Kreplak, en referencia a la dinastía Passaglia, que lleva más de una década administrando San Nicolás mediante una prolija rotación familiar. Después le sugirió que, en lugar de hacer denuncias por redes sociales, participara de las mesas sanitarias provinciales o mandara una cuadrilla de pintores. Passaglia recogió el guante y volvió al hospital acompañado por una cámara. En la Argentina moderna, aparentemente, la discusión sobre política sanitaria también puede resolverse como un desafío de TikTok.
Pero la oferta del intendente tiene una pequeña contradicción que quedó cuidadosamente fuera de cámara. El municipio construyó el Hospital de Zona Sur y entregó su administración al Grupo Oroño, que ya manejaba también el efector de Zona Oeste dentro del esquema público-privado diseñado por el passaglismo. En el caso del hospital del sur, la empresa fue la única oferente de la licitación y la adjudicación llegó al Concejo Deliberante como proyecto de último momento para ser aprobada sobre tablas. Es decir, Passaglia reclama ahora administrar directamente un gigantesco hospital provincial mientras su propia receta para parte del sistema municipal consistió precisamente en construir con fondos públicos y delegar luego la prestación en un operador privado. Una concepción bastante particular del “nosotros nos ocupamos”.
La cruzada aparece, además, mientras los Passaglia intentan convertir su experiencia nicoleña en una marca política exportable al resto de Buenos Aires y presentan su gestión como una especie de Singapur a orillas del Paraná. El relato del municipio eficiente, con superávit, tecnología y decisiones basadas en datos, ya había sufrido algún desperfecto cuando el Tribunal de Cuentas bonaerense detectó irregularidades administrativas y contables en la rendición municipal correspondiente a 2024. Nada de eso demuestra que la Provincia mantenga correctamente el San Felipe, cuyo deterioro exhibido por el propio intendente merece respuestas bastante más serias que una pelea de Twitter. Pero tampoco convierte mágicamente a Passaglia en el médico de guardia de la administración pública. Por ahora, la única certeza es que el hospital sigue teniendo problemas y que la familia que gobierna San Nicolás encontró en ellos una formidable escenografía de campaña.

