Malena Galmarini pidió una reunión con Carlos Bianco para discutir una cuestión bastante sencilla, al menos en apariencia: cuáles son las reglas con las que el peronismo bonaerense pretende llegar vivo a 2027. La presidenta de la Comisión de Reforma Política del Senado quería escuchar de boca del ministro de Gobierno qué pretende hacer Axel Kicillof con las reelecciones indefinidas de los intendentes, un proyecto que el gobernador empuja con entusiasmo y el Frente Renovador rechaza con una obstinación casi religiosa. Pero cuando Galmarini llegó al encuentro descubrió que el supuesto mano a mano tenía una invitada sorpresa: Ana Luz Balor, diputada del Movimiento Derecho al Futuro y presidenta de la comisión equivalente en la Cámara baja. En política bonaerense, donde hasta para tomar un café se calcula quién se sienta mirando hacia la puerta, la modificación no fue precisamente un detalle de protocolo.
La maniobra tuvo una elegancia aproximadamente comparable con cambiar las reglas de un truco después de repartir las cartas. Galmarini había reclamado durante semanas una definición del Ejecutivo y, cuando finalmente consiguió sentarse con Bianco, el kicillofismo convirtió la conversación bilateral en una mesa de tres. Balor es además una dirigente alineada con el espacio político que necesita desesperadamente destrabar la reelección de los intendentes. No hubo portazos ni vasos volando, porque todavía quedan algunos modales institucionales en la provincia, pero tampoco hubo fumata blanca. El Frente Renovador mantuvo su posición: no piensa acompañar la eliminación del límite de mandatos. Una postura especialmente incómoda para un gobernador que necesita a los intendentes como estructura territorial para su proyecto presidencial y que observa cómo decenas de ellos se acercan a 2027 con fecha de vencimiento estampada en la frente.
El problema para Kicillof es bastante más grande que una reunión que salió torcida. La ley que restringió las reelecciones fue aprobada en 2016, durante el gobierno de María Eugenia Vidal, con un papel decisivo del massismo. Diez años después, Massa no parece dispuesto a quemar esa bandera simplemente para resolverle al gobernador el problema sucesorio de los barones municipales. El proyecto impulsado por el oficialismo podría beneficiar a alrededor de 80 intendentes que, sin una modificación, quedarían impedidos de buscar otro mandato en 2027. Para el Movimiento Derecho al Futuro no es una discusión académica sobre la calidad institucional: es parte del combustible con el que Kicillof intenta construir su ejército bonaerense. Para el Frente Renovador, en cambio, votar las reelecciones sería regalarle al gobernador una herramienta de acumulación propia y, de paso, explicar después por qué la alternancia era maravillosa cuando gobernaba Vidal y prescindible cuando gobierna un aliado.
La cumbre terminó entonces con algo muy parecido a lo que empezó: ninguna solución y bastante más desconfianza. Bianco, Galmarini y Balor acordaron seguir conversando y coordinar el debate entre Ejecutivo, Senado y Diputados, esa fórmula diplomática que la política utiliza cuando nadie consiguió convencer a nadie. Detrás de la fotografía institucional queda una pelea mucho menos decorativa. Kicillof necesita liberar a sus intendentes antes de 2027; el massismo controla una comisión decisiva, conserva votos imprescindibles y no parece dispuesto a entregar gratis una reforma que fortalecería al competidor interno de Sergio Massa. La supuesta encerrona a Galmarini terminó así produciendo el efecto contrario: recordó quién tiene algunas de las llaves del Senado. A veces, para demostrar poder, alcanza con no levantarse de la silla.

