Axel Kicillof eligió Morón y no parece haber sido precisamente por casualidad. Para celebrar el Día de la Industria, el gobernador bonaerense desembarcó en el Parque Industrial Tecnológico Aeronáutico de Morón con una comitiva capaz de transformar cualquier acto productivo en una demostración de poder: Verónica Magario, Augusto Costa, Carlos Bianco, Walter Correa, Javier Rodríguez, Juan Cuattromo y buena parte de la estructura económica y política de la Provincia. En el centro de la escena quedó Lucas Ghi, anfitrión de una jornada que terminó funcionando como algo bastante más importante que un festejo para empresarios.
Kicillof podía haber elegido cualquiera de los grandes municipios industriales del conurbano. Podía ir a San Martín, Avellaneda, La Matanza, Tigre o algún distrito del corredor norte. Fue a Morón. Y lo hizo en uno de los momentos de mayor temperatura de la interna peronista local, donde Ghi acaba de consolidar su ruptura con Martín Sabbatella y convirtió al Movimiento Derecho al Futuro en su principal paraguas político. El mensaje fue difícil de disimular: mientras otros dirigentes todavía discuten dónde acomodarse en la interminable guerra del PJ, el intendente de Morón tiene al gobernador entrando por la puerta grande con la vicegobernadora y medio gabinete detrás.
La escenografía fue perfecta para la nueva sociedad política. Bajo la consigna “Con producción y trabajo, hay otro camino”, Kicillof volvió a cargar contra el modelo económico de Javier Milei y denunció un proceso de desindustrialización. Ghi hizo exactamente lo que se esperaba de un anfitrión alineado: defendió la industria, cuestionó el rumbo nacional y elogió las decisiones políticas de la Provincia. “No hay empresa que pueda tener éxito en un contexto de marginalidad, pobreza y depresión”, planteó el intendente. Augusto Costa recogió inmediatamente el guante y convirtió la intervención de Ghi prácticamente en el prólogo de su propio discurso.
Costa endureció todavía más la escena. Contrastó a los empresarios que mantienen abiertas sus fábricas con quienes “evaden”, “fugan” o “especulan” y aseguró que los verdaderos héroes están en las plantas industriales. Según los números expuestos por el gobierno provincial, desde la llegada de Milei cerraron 1.597 empresas bonaerenses y se perdieron más de 46.000 puestos industriales. En ese cuadro, Kicillof buscó presentarse como la contracara del Gobierno nacional. Y para hacerlo eligió como escenario político el territorio de Ghi.
Morón, además, ofrecía una escenografía difícil de mejorar. La industria representa aproximadamente una cuarta parte de la economía del distrito y cerca del 20% de su empleo privado registrado. El PITAM reúne empresas vinculadas principalmente al complejo aeronáutico, mientras que La Cantábrica sigue siendo uno de los principales enclaves industriales del oeste. A eso se suma el nuevo Clúster Energético y Minero impulsado para vincular empresas locales con sectores como Vaca Muerta. Para un gobierno provincial que quiere convertir la defensa de la producción en uno de sus grandes argumentos contra Milei, el escenario venía con decorado incluido.
Pero la parte verdaderamente incómoda para los adversarios internos de Ghi está fuera de las fábricas. En marzo, el sector respaldado por el intendente se quedó con la interna del PJ de Morón al obtener alrededor del 68% de los votos contra poco más del 31% de la lista vinculada al sabbatellismo. La diferencia fue brutal para una disputa que durante años parecía condenada a resolverse bajo la sombra de Nuevo Encuentro. Poco después, Ghi reunió a más de 1.500 dirigentes y militantes del Movimiento Derecho al Futuro en Castelar y dejó de hablar entre líneas: planteó directamente la necesidad de construir un gobierno nacional “de la mano de Axel Kicillof”.
La devolución llegó ahora y fue bastante menos sutil que un comunicado partidario. Kicillof puso uno de sus principales actos económicos del año en Morón, llevó a la primera línea de su gobierno y sentó a Ghi en el centro de la fotografía. No hubo proclamación formal, naturalmente. La política argentina todavía conserva esa pintoresca costumbre de fingir que las candidaturas y los respaldos aparecen espontáneamente.
Pero la secuencia empieza a ser demasiado evidente. Primero Ghi rompió con Sabbatella. Después le ganó la conducción del PJ local. Más tarde se subió públicamente al proyecto presidencial de Kicillof. Ahora el gobernador desembarcó en su municipio con una comitiva provincial de peso y lo convirtió en anfitrión de su contraofensiva industrial frente a Milei.
En Morón todavía falta una eternidad para 2027. Pero Kicillof parece haber empezado a repartir las llaves bastante antes. Y, por lo visto este Día de la Industria, la de Morón se la dejó a Lucas Ghi.

