Mirtha Legrand tiene 99 años, una neumonía bacteriana y varias décadas de experiencia sobreviviendo a argentinos que periódicamente empiezan a despedirla. Esta vez, sin embargo, el cuadro es serio. La conductora debió regresar al Sanatorio Mater Dei pocos días después de haber recibido el alta por problemas respiratorios y las primeras horas de la nueva internación fueron especialmente delicadas. El viernes la situación llegó a ser definida como dramática; el sábado respondió mejor a los antibióticos y pudo descansar. A partir de ahí comenzó el deporte nacional que sucede cada vez que Mirtha se resfría después de los noventa: contar respiraciones, interpretar comunicados médicos y calcular cuántos minutos faltan para que algún canal ponga piano triste debajo de una foto en blanco y negro.
La buena noticia, bastante inoportuna para semejante festival necrológico, es que los médicos lograron identificar la bacteria responsable de la neumonía y pudieron avanzar con un tratamiento específico. El último parte señaló que la paciente continúa evolucionando favorablemente de acuerdo con lo esperado. Pero conviene detenerse en las palabras “de acuerdo con lo esperado”: a los 99 años, lo esperado no es exactamente levantarse, pedir un café y preguntar quién viene a almorzar el sábado. Una neumonía bacteriana es un cuadro importante a cualquier edad y mucho más cuando el DNI prácticamente podría formar parte del Archivo General de la Nación. De ahí que el entorno mantenga la cautela, las visitas estén restringidas y los médicos sigan la evolución con una atención que ningún productor televisivo puede reemplazar, aunque tenga veinte años de experiencia leyendo mensajes de WhatsApp al aire.
Ángel de Brito aportó la frase que necesitaba una televisión que ya estaba entrando en abstinencia de tragedia: el estado era “dificilísimo”. También pidió prudencia y recordó que cualquier mejoría debe interpretarse teniendo en cuenta la edad de la conductora. La aclaración resultó indispensable porque, en cuestión de horas, el país pasó alternativamente de imaginar a Mirtha recuperada y eligiendo invitados para el próximo programa a visualizar un operativo funerario con drones. No hubo término medio. Nunca lo hay. Un parte médico de cuatro líneas alcanza para que aparezcan placas de “ÚLTIMO MOMENTO”, cronistas apostados en la vereda, médicos que jamás atendieron a la paciente explicando qué podría ocurrir y panelistas pronunciando lentamente la palabra “familia” mientras ponen cara de haber recibido noticias directamente de Hipócrates.
La internación actual, además, llega después de un primer episodio respiratorio que ya había obligado a Mirtha a alejarse temporalmente de la televisión. Por eso la recaída encendió una alarma genuina detrás del espectáculo de luces, separadores dramáticos y títulos capaces de matar tres veces a una persona antes de la tanda publicitaria. El próximo parte médico está previsto para el miércoles si no existen cambios importantes. Hasta entonces, el cuadro sigue siendo delicado pero con evolución favorable. Mirtha continúa peleando contra la neumonía; alrededor suyo, mientras tanto, buena parte de la televisión argentina libra otra batalla mucho más antigua: intentar llegar al fallecimiento antes que la paciente.

