Mar del Plata consiguió un podio que difícilmente aparezca en un folleto turístico. En el segundo trimestre de 2026, la desocupación llegó al 9,9%, contra un promedio nacional de 7,9%, y se convirtió en la tercera tasa más alta entre los 31 aglomerados urbanos relevados. Un año antes estaba en 6,3%: son 3,6 puntos porcentuales más en apenas doce meses. Sólo Gran Rosario, con 11,5%, y Gran Córdoba, con 10,5%, exhibieron niveles superiores. El deterioro resulta todavía más incómodo porque no se explica por una retirada de trabajadores del mercado: la tasa de actividad subió de 48,2% a 51,1% y la de empleo apenas avanzó de 45,1% a 46%. En castellano menos estadístico: mucha más gente salió a buscar trabajo y una porción considerable descubrió que el mercado no tenía nada para ofrecerle.
El dato cae en el peor momento posible sobre un oficialismo que lleva meses discutiendo quién manda, quién hereda y quién consigue aparecer en la foto cuando llegue 2027. Guillermo Montenegro continúa formalmente como intendente en uso de licencia mientras ocupa una banca en el Senado bonaerense, y Agustín Neme conduce el Ejecutivo municipal desde diciembre. La transición que debía ofrecer continuidad terminó produciendo una pregunta mucho más entretenida para la fauna política local: cuánto de Neme pertenece realmente a Neme. El propio jefe comunal salió esta semana a aclarar que Montenegro “nunca jamás” le indicó qué debía hacer y que gobierna con autonomía. Cuando un intendente necesita explicar públicamente que toma sus propias decisiones, la explicación suele resultar políticamente más interesante que la pregunta.
Detrás aparece Emiliano Giri, presidente del PRO marplatense y uno de los dirigentes más próximos a Neme. En los últimos días denunció que existen “operaciones” contra el intendente interino y reclamó que lo dejen trabajar. El mensaje puso en blanco sobre negro un ruido que ya atravesaba al oficialismo: el sector de Neme y Giri intenta consolidar identidad propia mientras el montenegrismo conserva influencia en el Concejo Deliberante y empieza a ordenar posiciones para la sucesión. La coalición que gobierna General Pueyrredon tampoco constituye precisamente una familia reunida alrededor del domingo: el PRO, la UCR y La Libertad Avanza mantienen agendas y ambiciones propias, y el diputado libertario Alejandro Carrancio ya se lanzó a la carrera por la intendencia. En paralelo, el radicalismo de Maximiliano Abad conserva su peso dentro del armado municipal. Todos administran el presente con una mano mientras tantean 2027 con la otra, prodigio anatómico bastante habitual en la política argentina.
El contraste empieza a volverse difícil de disimular. El oficialismo marplatense hizo durante años de la promoción de inversiones, el turismo, la actividad privada y la llamada “ciudad del sí” parte central de su relato político. Pero el mercado laboral acaba de entregar una fotografía bastante menos publicitaria: unas 34 mil personas están desocupadas, según la estimación derivada de la última medición, y la tasa se acerca otra vez a los dos dígitos. Para Neme es un problema de gestión; para Montenegro, un dato que inevitablemente queda asociado a un modelo municipal que él construyó; y para todos los aspirantes a sucederlos, una estadística demasiado grande como para esconder debajo de la alfombra. Mar del Plata sigue vendiendo playas, gastronomía y grandes eventos. Trabajo, por ahora, parece haber quedado entre las actividades fuera de temporada.

