La Quinta de Olivos necesitaba una limpieza y el Gobierno encontró a Tereso. No es una metáfora ni una provocación adolescente: Fernando Alberto Tereso es coronel del Ejército y segundo jefe de la Casa Militar, la estructura que ahora tendrá un papel central en la reorganización de la residencia presidencial. Después de días de despidos, cambios administrativos y versiones cruzadas sobre lo que estaba ocurriendo detrás de las rejas de Olivos, la respuesta oficial fue poner la casa bajo una conducción mucho más castrense. La Argentina había probado casi todo. Faltaba que un Tereso quedara encargado de ordenar el enchastre.
El cambio es bastante más amplio que poner un par de uniformados junto al portón. La Casa Militar asumirá la responsabilidad integral de la seguridad de Olivos y de las residencias transitorias del Presidente y su familia, mientras que el traspaso de responsabilidades y bienes deberá completarse en un plazo máximo de 60 días. También se disolverá la Administración General de la Residencia Presidencial y se reducirá la estructura que funciona allí. La explicación oficial habla de eficiencia, seguridad y preparación ante la futura visita del papa León XIV. Dicho de otra manera: después de llegar al poder prometiendo que el Estado debía parecerse menos a un cuartel de burócratas, Olivos empieza a parecerse un poco más a un cuartel de verdad.
La reorganización coincidió con la salida de María Belén Agudiez, subsecretaria de Planificación General de la Secretaría General de la Presidencia, cuya renuncia fue aceptada con vigencia desde el 20 de septiembre. Al mismo tiempo circularon denuncias y versiones sobre contrataciones, gastos y funcionamiento de la quinta. El Gobierno rechazó públicamente las especulaciones que exceden la explicación oficial de la reforma. Quedó así configurado uno de esos episodios en los que todos aseguran que simplemente se está mejorando la administración mientras la administración anterior desaparece, una funcionaria renuncia y un coronel recibe las llaves. La normalidad institucional, sólo que con botas.
Y en el centro operativo aparece Tereso. El coronel, que tuvo funciones relevantes dentro del Ejército y hoy ocupa el segundo escalón de Casa Militar, fue señalado como uno de los hombres encargados de traducir la reforma a la vida cotidiana de Olivos. Eso significa ocuparse de una residencia de más de treinta hectáreas donde no todo consiste en custodiar al Presidente: hay jardines, cocina, mantenimiento, logística y una cantidad considerable de tareas que hasta ahora realizaba personal civil. La reforma abre justamente la discusión sobre cuánto de ese funcionamiento pasará a depender de la estructura militar. Porque una cosa es custodiar al jefe de Estado y otra bastante más novedosa es descubrir que también existe una doctrina estratégica para la poda de ligustrinas.
Dentro del Gobierno presentan el cambio como una racionalización. Alrededor de Olivos, en cambio, se acumularon versiones sobre incomodidad interna, movimientos de personal y preocupación por la exposición que implica trabajar en el corazón residencial del poder. Parte de esas versiones proviene de fuentes militares y no fue confirmada oficialmente. Lo comprobable es más sencillo: hubo una renuncia importante, se eliminó una estructura administrativa y Casa Militar ganó atribuciones. No hace falta decorar demasiado el cuadro. La decoración, aparentemente, también podría quedar bajo otra jurisdicción.
Así terminó una crisis administrativa que el Gobierno pretende presentar como una reorganización: con menos civiles, más Casa Militar y un coronel encargado de poner las cosas en su lugar. Se llama Fernando Tereso, es el número dos de la estructura y desembarca justo cuando la misión oficial consiste en limpiar, ordenar y evitar nuevos problemas.
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