La UCR bonaerense consiguió convertir una discusión interna por la conducción de sus intendentes en una demostración bastante precisa de cómo quedar empantanada sin que nadie pueda adjudicarse siquiera una derrota clara. Los 27 jefes comunales radicales quedaron divididos en dos bloques exactamente iguales alrededor de la continuidad de Maximiliano Suescun, intendente de Rauch y presidente del Foro: trece quieren modificar la conducción, trece pretenden mantenerla y Román Bouvier, intendente de Rojas, se abstuvo. El resultado fue una especie de accidente institucional en cámara lenta: todos votaron, nadie ganó y Suescun sigue en su lugar mientras el partido intenta averiguar qué hacer con semejante empate.
La ofensiva para apurar el recambio fue impulsada por intendentes alineados con Maximiliano Abad, pero chocó contra una resistencia del mismo tamaño. Sin mayoría para remover a Suescun ni fuerza suficiente para clausurar la discusión, el radicalismo decidió crear una mesa de seis intendentes para negociar una salida. La solución al bloqueo, entonces, fue fabricar una mesa más pequeña donde continuar el mismo bloqueo con menos sillas. La escena resume bastante bien el problema: un partido que pretende discutir poder provincial y nacional rumbo a 2027 todavía no logra ponerse de acuerdo sobre quién debe coordinar a sus propios intendentes.
La disputa ya produjo, además, dos nombres para una sucesión que todavía nadie sabe si ocurrirá. Érica Revilla, intendenta de General Arenales, aparece entre las alternativas del sector vinculado a Abad. José Luis Salomón, intendente de Saladillo, circula desde Construir, el espacio donde confluyen Miguel Fernández, Alejandra Lordén y Pablo Juliano. Hay candidatos, hay operaciones, hay reuniones y hay sectores contando votos. Lo único que falta, pequeño detalle administrativo, es una mayoría. Mientras cada bando intenta demostrar que el otro es el responsable del atasco, el Foro quedó suspendido en una interna donde hasta el número impar de intendentes consiguió producir un empate.
El espectáculo llega en un momento particularmente incómodo. Los intendentes radicales necesitan actuar en conjunto frente a la Provincia para discutir fondos, seguridad, salud, IOMA y recursos municipales, pero la estructura que debería representarlos está ocupada resolviendo quién manda dentro de ella. Hacia afuera, la UCR pretende funcionar como un bloque de 27 municipios. Hacia adentro, está partida en dos grupos de trece y un intendente que prefirió no meterse en la carnicería. De cara a 2027, el radicalismo bonaerense todavía tiene tiempo para discutir candidaturas, alianzas y estrategia electoral. Primero tendría que superar un desafío algo más modesto: conseguir catorce votos para cualquier cosa.

