Cinco experimentos libertarios que fracasaron y llamaron a papá Estado

Reino Unido, Kansas, Islandia, Rusia y Honduras probaron distintas versiones del credo que Javier Milei presenta como una revelación. La receta siempre comenzó declarando inútil al sector público y terminó pidiéndole que apareciera con dinero, un matafuegos y una ambulancia.

1. Reino Unido: el Estado mínimo que duró menos que una lechuga

En 2022, Liz Truss anunció rebajas impositivas por 45.000 millones de libras sin explicar cómo pensaba financiar el agujero. El mercado, que aparentemente tampoco había leído a Murray Rothbard, respondió hundiendo la libra, disparando el costo de los bonos y encareciendo las hipotecas. El Banco de Inglaterra tuvo que salir a comprar deuda para impedir que la fiesta de la libertad terminara llevándose puestos los fondos de pensión. Truss despidió a su ministro de Economía, desarmó su plan y abandonó el cargo después de 49 días. Un tabloide había puesto una lechuga a competir con ella para comprobar cuál duraría más. Ganó la lechuga, que además presentó un programa económico más consistente.

2. Kansas: el paraíso fiscal que dejó al presupuesto internado

El gobernador Sam Brownback lanzó en 2012 una reducción masiva de impuestos, eliminó el tributo sobre determinadas rentas empresarias y prometió una inyección de adrenalina para la economía. La adrenalina llegó, pero al presupuesto le produjo un paro cardíaco: los ingresos se desplomaron, aparecieron agujeros fiscales y los servicios públicos comenzaron a pagar una prosperidad que se había extraviado camino a Kansas. En 2017, legisladores republicanos y demócratas revirtieron buena parte de las medidas, incluso pasando por encima del veto de Brownback. El experimento destinado a demostrar que los impuestos eran innecesarios terminó demostrando que las cuentas, con una crueldad típicamente comunista, deben cerrar.

3. Islandia: el casino bancario en el que la casa perdió el país

Durante los años previos a 2008, Islandia privatizó sus grandes bancos, alivió controles y permitió que el sistema financiero acumulara activos equivalentes a casi diez veces el tamaño de la economía nacional. Durante un tiempo, los banqueros fueron presentados como vikingos modernos: conquistaban mercados, compraban empresas y explicaban que las regulaciones eran una superstición de pueblos sin coraje. Después, los tres principales bancos colapsaron en una sola semana. La moneda se derrumbó, el mercado bursátil quedó reducido a decoración escandinava y el país tuvo que recurrir al FMI, imponer controles de capitales y crear nuevas entidades bancarias para proteger los depósitos locales. El mercado había alcanzado su máxima libertad: ya era completamente libre de solvencia.

4. Rusia: el capitalismo exprés que fabricó oligarcas

Tras la disolución de la Unión Soviética, Boris Yeltsin liberó precios y lanzó privatizaciones masivas con la promesa de construir una economía moderna antes de que alguien pudiera preguntar quién se estaba llevando las fábricas. Entre 1991 y 1994, el PBI ruso cayó alrededor de un 35%; los ahorros se evaporaron, los activos públicos terminaron concentrados en pocas manos y en 1998 el país declaró el default sobre parte de su deuda doméstica. El derrumbe soviético ya era una catástrofe, pero la terapia elegida consiguió agregarle una caja registradora: un puñado de empresarios obtuvo imperios por monedas y millones de ciudadanos alcanzaron la libertad, especialmente la libertad de quedarse sin patrimonio.

5. Honduras: las ciudades sin Estado que terminaron reclamándole dinero al Estado

Los gobiernos de Porfirio Lobo y Juan Orlando Hernández impulsaron las ZEDE, territorios con impuestos reducidos, reglas propias y amplísimas facultades para administradores privados. Eran pequeños feudos corporativos dentro del país: la soberanía nacional, pero tercerizada y con atención al cliente. El Congreso derogó el régimen en 2022 y la Corte Suprema declaró inconstitucional su estructura jurídica en 2024. Los inversores respondieron reclamando una compensación multimillonaria en un arbitraje internacional todavía abierto. La ciudad sin Estado terminó exigiéndole al Estado que protegiera sus contratos y le entregara una fortuna. Milei no inventó este recorrido: apenas le agregó una motosierra, un disfraz de superhéroe y la convicción de que esta vez el incendio sabrá comportarse.

Scroll al inicio