La versión dejó de ser un rumor marginal cuando empezó a circular con nombre y apellido. El ex agente de la CIA Larry Johnson afirmó en entrevistas y publicaciones recientes que a Donald Trump se le habría limitado el acceso efectivo a los códigos nucleares, o al menos al circuito completo de decisión. El dato no fue confirmado oficialmente, lo que en Washington equivale a dejar la puerta entreabierta para que la sospecha haga el resto. Todo esto ocurre mientras Estados Unidos atraviesa una escalada militar con Irán que vuelve cualquier detalle institucional un asunto de alto voltaje.
Según Johnson, la preocupación no sería formal sino operativa: un sistema que, en teoría, depende del presidente, estaría funcionando con filtros adicionales dentro del propio aparato de seguridad. En términos simples, el famoso “botón nuclear” seguiría existiendo, pero rodeado de manos invisibles. Fuentes cercanas al Pentagon hablaron de “protocolos dinámicos en contextos de conflicto”, una frase que parece diseñada para no decir nada y al mismo tiempo decirlo todo.
El trasfondo suma capas incómodas. El antecedente de los documentos clasificados hallados en Mar-a-Lago en 2022 sigue operando como un recordatorio persistente dentro de la comunidad de inteligencia. Especialistas en seguridad nuclear, como Joseph Cirincione, vienen señalando que el acceso a este tipo de información “no es automático ni absoluto, incluso para un presidente”. En paralelo, analistas del Council on Foreign Relations advierten que cualquier señal de fisura en la cadena de mando puede ser leída por adversarios como una ventana de oportunidad.
Mientras tanto, el conflicto con Irán eleva la presión sobre cada decisión que se toma en Washington. Ataques indirectos, despliegues militares y amenazas cruzadas configuran un escenario donde el margen de error se vuelve mínimo. En ese contexto, la idea de un presidente con acceso condicionado a la información más sensible deja de ser una rareza técnica y pasa a convertirse en un síntoma político. Nadie lo confirma del todo. Nadie lo desmiente con contundencia. Y en ese vacío, la hipótesis de un poder nuclear administrado entre varias manos empieza a sonar menos descabellada de lo que muchos quisieran admitir.

