Apple presentó el iPhone Duo, su primer teléfono plegable y acaso el primer electrodoméstico diseñado para que el usuario pueda contemplar simultáneamente el futuro de la tecnología y la ruina de sus finanzas. Cerrado tiene una pantalla de 5,4 pulgadas; abierto, una de 7,6. El equipo es parecido en tamaño a un pasaporte, aunque su precio permitirá recordar varios viajes que ya no podrán hacerse: parte de los US$1.999 en Estados Unidos.
El dispositivo está construido en titanio, posee una bisagra formada por más de cien componentes, dos baterías, procesador A20 Pro, cámaras de 48 megapíxeles y una versión renovada de Siri con inteligencia artificial. También permite abrir dos aplicaciones al mismo tiempo, una función especialmente útil para que los argentinos puedan mirar el home banking de un lado y calcular del otro cuántos órganos deberían vender para pagarlo. Apple aseguró que la estructura fue diseñada para soportar miles de aperturas y cierres. Sobre la resistencia del comprador al resumen de la tarjeta no ofreció precisiones.
La preventa comenzará el 16 de octubre y las primeras unidades llegarán el 23 a más de setenta mercados, entre ellos Brasil, México y Colombia. La Argentina, fiel a su tradición de observar el progreso desde la vidriera, no figura en la lista inicial. Sin un precio local confirmado, importadores y revendedores ya hacen cuentas con el dólar, los impuestos, el envío y ese margen suplementario que suele cobrarse por introducir un objeto de lujo en un país donde cualquier objeto importado termina convertido en una declaración patrimonial. En redes incluso comenzó a circular la posibilidad de comprar primero una mitad y dejar la otra para cuando aparezca el próximo aguinaldo.
El iPhone Duo estará disponible en blanco estrella y cielo nocturno, nombres pensados para un público que todavía conserva la capacidad de mirar hacia arriba. Apple consiguió fabricar una pantalla que se dobla sin romperse, una hazaña tecnológica considerable. Al consumidor argentino le quedará resolver la parte más difícil: lograr que también se vuelva flexible su concepto de solvencia. El teléfono se pliega. El sueldo, como siempre, se parte.

