Catamarca al borde de la ruptura: el PJ cercó a Jalil por su coqueteo con Karina Milei y el plan para un tercer mandato

El gobernador había prometido abandonar el poder en 2027 y habilitar la candidatura de Gustavo Saadi, pero la Casa Rosada lo tienta con respaldo electoral. Corpacci y el massismo activaron una pinza mientras la Corte vuelve explosiva la ventana legal que podría permitirle quedarse.

Más de mil mujeres peronistas desembarcaron en Catamarca para debatir sobre deuda, inteligencia artificial, soberanía económica y políticas de género. El programa oficial era amplio; el mensaje político, bastante menos sofisticado. La cumbre encabezada por Lucía Corpacci funcionó como una demostración de fuerza dirigida a Raúl Jalil, el gobernador peronista que conserva el extraño talento de acompañar a Javier Milei sin abandonar el PJ, una disciplina ideológica parecida a manejar dos remises al mismo tiempo. El massismo completó la maniobra con un plenario del Frente Renovador y una señal inequívoca: el oficialismo provincial debe ordenarse detrás de Gustavo Saadi. Nadie pronunció la palabra traición porque todavía falta más de un año para cerrar las listas y conviene administrar los adjetivos, pero la traducción fue brutalmente sencilla. El peronismo catamarqueño ya eligió candidato y no sería Jalil.

El acuerdo original parecía milagrosamente comprensible. Corpacci gobernó dos períodos, dejó paso a Jalil y este debía hacer lo mismo después de ocho años, entregándole la candidatura al intendente de la capital. En 2023, después de obtener más del 53% de los votos, el propio gobernador aseguró que aquella sería su última elección provincial. El siguiente casillero era una banca en el Senado, Saadi desembarcaba en la Casa de Gobierno y Corpacci conservaba el equilibrio interno. Era uno de esos rarísimos pactos políticos con principio, desarrollo y final, defecto imperdonable que tarde o temprano debía corregirse. Karina Milei y los Menem detectaron la oportunidad: Jalil todavía podría presentarse en 2027 y La Libertad Avanza carece de un candidato provincial capaz de inquietarlo. En los pasillos comenzó entonces a circular una fórmula tan obscena como funcional: un tercer mandato peronista con patrocinio libertario, adversario violeta de utilería y todos fingiendo que se trata de federalismo.

La relación de Jalil con la Casa Rosada ya tiene comprobantes. En diciembre de 2025, tres diputados que le responden abandonaron el bloque peronista, fundaron Elijo Catamarca y ayudaron a que La Libertad Avanza se quedara con la primera minoría en la Cámara baja. El gobernador también respaldó la eliminación de las PASO, reforma que Karina Milei necesita para controlar las candidaturas de 2027 sin esa molesta costumbre democrática de abrir las urnas más de una vez. A cambio, Catamarca consiguió recuperar la mayoría en Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio y Fernando Jalil, hermano del mandatario, volvió a presidir la empresa. Nada demuestra por sí solo la existencia de un pacto electoral, pero el romance acumula flores, cenas y bienes gananciales. La negociación que circula incluiría una candidatura libertaria de “baja intensidad” para no competir seriamente contra Jalil. La Casa Rosada obtendría votos en el Congreso; el gobernador, cuatro años adicionales. Una relación moderna, abierta y financiada por el Estado.

La pirueta tiene además una formidable envoltura jurídica. Jalil impulsó en 2023 una ley para terminar con las reelecciones indefinidas, pero estableció que el mandato iniciado ese año contaría como el primero bajo el nuevo régimen. En otras palabras, prohibió la eternidad después de reservarse una última porción. Esa cláusula podría habilitarlo para competir nuevamente, aunque la Corte Suprema acaba de aceptar una causa contra una maniobra semejante en Formosa y cualquier fallo restrictivo convertiría la picardía catamarqueña en un dolor de cabeza nacional. Jalil deberá elegir entre respetar el acuerdo, refugiarse en el Senado y preservar la unidad, o buscar otro mandato con el auxilio del gobierno al que sus compañeros dicen combatir. El peronismo ya le mostró el cerco y Saadi comenzó a medir las cortinas del despacho. La sucesión que debía ordenar Catamarca terminó confirmando la doctrina más estable de la política argentina: nadie pretende eternizarse; solamente necesita cuatro años más.

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