En paralelo a un escenario económico que suma presión mes a mes, con precios en alza y consumo en retroceso, en Chubut empezó a tomar forma una solución que hasta hace poco sonaba a broma interna del campo. Productores de la zona de Punta Tombo promueven la producción y el consumo de carne de burro como opción más accesible frente al encarecimiento sostenido de la carne vacuna. La estrategia incluye degustaciones gratuitas y una batería de argumentos técnicos que buscan convertir la curiosidad en costumbre.
El contexto ayuda. El propio Luis Caputo anticipó que la inflación “seguramente estará por encima del 3%” debido al impacto del petróleo, un dato que, traducido a la vida cotidiana, implica seguir ajustando el changuito y recortando lo que hasta hace poco era intocable. En ese marco, la carne vacuna continúa perdiendo terreno en la mesa argentina, desplazada por opciones más económicas o, directamente, por la resignación.
Desde el sector productivo insisten en que la carne asnal no tiene nada de improvisada: destacan su bajo contenido graso, buen nivel proteico y potencial para integrarse a la cadena alimentaria. “Es una alternativa concreta, no una rareza”, habría señalado un productor de la región, en un intento por correr el eje desde el prejuicio cultural hacia la lógica del bolsillo. La jugada es clara: si el problema es el precio, la solución no va a venir de la tradición.
En comercios y carnicerías, el clima es menos conceptual y más directo. “La gente compra lo que puede, no lo que quiere”, resumió un comerciante del Valle. El dato, repetido con distintas palabras en todo el país, explica por qué propuestas que hace unos años hubieran generado rechazo automático hoy empiezan a encontrar un margen de discusión. La carne de burro, en ese contexto, no irrumpe como moda ni como provocación, sino como un síntoma bastante transparente: cuando la economía aprieta, hasta las certezas más arraigadas empiezan a negociar.

