Del Senado a las encuestas: Milei quedó clavado en 35 puntos y la oposición ya ensaya su velorio

Gobernadores que hasta hace pocos meses acompañaban a la Casa Rosada obligaron al oficialismo a amputar su proyecto sobre tierras y manejo del fuego. El peronismo busca convertir aquel motín legislativo en una alternativa para 2027, mientras Karina Milei reorganiza el Gobierno y reparte cascos antes del próximo derrumbe.

La Libertad Avanza consiguió aprobar en general la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada por 37 votos contra 33, pero debió retirar los capítulos sobre la venta de tierras a extranjeros y los cambios en la Ley de Manejo del Fuego. Para evitar que la iniciativa muriera en el recinto, el oficialismo salvó el nombre y entregó buena parte del cuerpo: una costumbre parlamentaria que permite sacar al paciente en camilla y anunciar que abandonó el hospital por sus propios medios. La maniobra opositora reunió al peronismo con radicales, bloques provinciales y gobernadores hasta entonces dialoguistas. Sergio Massa, Jorge Capitanich, Sergio Uñac y Germán Martínez trabajaron sobre Hugo Passalacqua y otros mandatarios para conseguir los votos que faltaban. No nació una alianza, pero durante unas horas todos descubrieron que podían ponerse de acuerdo cuando del otro lado estaba Milei.

El dato nuevo llegó el lunes desde el lugar menos conveniente para el Gobierno: sus propios números. Las mediciones que circulan en la Casa Rosada ubican la imagen positiva presidencial alrededor de los 35 puntos, sin una recuperación sólida después del escándalo por el crecimiento patrimonial de Manuel Adorni. “El piso es alto, el tema es el techo”, admiten en el oficialismo, elegante manera inmobiliaria de reconocer que la casa todavía no se cayó pero ya no se puede construir otro piso. A ese estancamiento se agregó el crecimiento de la morosidad: 20,9 millones de personas mantienen deudas con bancos o billeteras virtuales y 5,8 millones acumulan atrasos superiores a 90 días. Axel Kicillof aprovechó el paisaje y responsabilizó al Presidente: “Al lío lo armó Milei”. La defensa de las tierras encontró así una segunda bandera, bastante menos épica pero más cotidiana: llegar vivo al resumen de la tarjeta.

Capitanich calificó lo ocurrido en el Senado como una “derrota estrepitosa del proyecto político”, aunque también advirtió que limitarse a ser “opositores acérrimos” no alcanzará para construir una mayoría electoral. Su receta fue ordenar primero la representación, después acordar un programa y recién entonces discutir los nombres. Es decir, exactamente el camino inverso al que suele seguir el peronismo, donde habitualmente aparecen seis candidatos, nueve agrupaciones y un documento programático redactado cuando ya cerraron las listas. Kicillof sigue siendo la opción más visible, Massa conserva sus contactos con los gobernadores y distintos sectores imaginan un candidato capaz de reunir el voto desencantado. El frente anti-Milei ya encontró una forma de votar; todavía le falta descubrir quién habla, qué propone y cuántos de sus integrantes aceptarían no encabezar la boleta.

Karina Milei respondió al temblor con una mesa política reforzada y una silla rotativa en la que Federico Sturzenegger deberá sentarse para explicar cómo uno de sus proyectos terminó convertido en material de autopsia parlamentaria. También ordenó que las iniciativas libertarias pasen por un nuevo filtro político y alineó a los legisladores bonaerenses detrás de una agenda de desregulación, reducción de impuestos y eliminación de las PASO. Suprimir las primarias permitiría disciplinar aliados y dificultar que el peronismo resuelva su interna mediante el extravagante procedimiento de dejar votar a la gente. El frente anti-Milei aún no existe como coalición, pero el Gobierno ya empezó a tomar medidas para impedir que nazca. En la política argentina, donde primero se organiza el velorio y después se pregunta por la salud del paciente, eso suele considerarse una señal de vida.

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