Dejó Avellaneda en manos de su esposa y salió de gira: Ferraresi ya se prueba el traje de gobernador

Tras renunciar a la intendencia, el dirigente peronista convirtió su “modelo de gestión” en producto electoral y comenzó a recorrer la Provincia. La municipalidad quedó bajo el mando de Magdalena Sierra, mientras él conserva una oficina, recibe empresarios y acelera una campaña que ya incomoda hasta dentro del oficialismo.

Jorge Ferraresi decidió que gobernar Avellaneda era demasiado poco y renunció después de más de quince años de dominio político para lanzarse a la sucesión de Axel Kicillof. El municipio no quedó precisamente librado al vértigo de la alternancia: asumió su esposa, Magdalena Sierra, encargada de custodiar el territorio, el gabinete y el apellido mientras el exintendente recorre la Provincia explicando que todo funcionaría mejor si se pareciera a Avellaneda. La oposición calificó la maniobra como una deslealtad hacia quienes lo votaron; el ferraresismo, menos dramático, la presentó como una evolución natural de la especie.

La primera escala fue Tres de Febrero, donde Ferraresi habló de construir un “Estado eficaz” y exhibió como trofeo el aumento de los recursos propios de Avellaneda, que redujo su dependencia de la coparticipación. La traducción menos épica es que el famoso modelo descansa sobre una maquinaria recaudatoria robusta: para 2026, el oficialismo aprobó una suba del 30% en las tasas municipales y un presupuesto superior a los $361 mil millones. La palabra preferida del ferraresismo es “eficiencia”; la que suele quedar fuera de los discursos es “boleta”.

La gira continuó por San Miguel, con clubes de barrio, dirigentes locales y una comparación cuidadosamente elegida entre los 17 polideportivos de Avellaneda y los cuatro del distrito visitado. Antes, el desembarco en Chivilcoy había sido suspendido por el mal tiempo: hasta la meteorología pareció pedir unos días para evaluar la candidatura. Entre acto y acto, Ferraresi mantuvo reuniones políticas y empresariales en la propia Municipalidad de Avellaneda, ahora administrada por Sierra, donde conserva una oficina. Cambió formalmente de trabajo, aunque al parecer todavía no encontró una mudanza que le quede cómoda.

Detrás del despliegue aparece Andrés “Cuervo” Larroque como primer aliado y Axel Kicillof como paraguas político. Enfrente esperan Gabriel Katopodis, Julio Alak, Federico Achával, Mariel Fernández y una Mayra Mendoza que La Cámpora ya empieza a empujar. Ferraresi busca presentarse como el administrador que puede extender Avellaneda sobre los 135 municipios bonaerenses; por ahora, el experimento dejó una certeza más modesta: el distrito quedó en familia mientras su antiguo intendente sale a explicarles a los demás cómo deberían gobernar.

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