El Mundial terminó en tribunales: abogados de Estados Unidos preparan una demanda contra la FIFA por la sospechosa final de Argentina

Hasta cuatro estudios jurídicos analizan representar a los espectadores que pagaron fortunas por un partido en el que la Selección no pateó al arco durante 120 minutos. El mensaje de Messi, las lesiones fugaces, la bandera de Malvinas y el retiro del árbitro alimentan una teoría que la FIFA preferiría sepultar.

La final que España le ganó a la Argentina podría tener un tercer tiempo en los tribunales estadounidenses. Entre tres y cuatro estudios jurídicos analizan promover una demanda colectiva contra la FIFA en representación de los espectadores que pagaron cifras obscenas para presenciar un partido extrañísimo: el campeón vigente, que venía de eliminar a Inglaterra, no consiguió patear al arco durante 120 minutos. Antes de salir al campo, Lionel Messi pidió a sus compañeros que olvidaran “todo lo que pasó”, aunque nunca se explicó qué había pasado. Después llegaron las lesiones milagrosas: Gonzalo Montiel y Leandro Paredes, supuestamente averiados durante la final, reaparecieron pocos días más tarde en sus clubes. La medicina deportiva hace prodigios. Los silencios institucionales, por lo visto, también.

La teoría más incendiaria sostiene que la Selección habría recibido una advertencia después de exhibir la bandera “Las Malvinas son argentinas” tras eliminar a Inglaterra. La FIFA abrió una investigación disciplinaria y comenzó a circular la versión de que una sanción devastadora podía dejar al fútbol argentino fuera de las competencias internacionales. No apareció ninguna prueba pública de ese supuesto apriete, aunque tampoco apareció una explicación razonable para la transformación de un equipo desafiante en la delegación fúnebre que disputó la final. El árbitro Slavko Vincic aportó el decorado perfecto: amonestó cinco veces a la Argentina, expulsó a Enzo Fernández, no mostró tarjetas a España y anunció su retiro una semana después. Seguramente quiso despedirse en la cima. O antes de que alguien empezara a revisar demasiado.

Para prosperar, la demanda deberá demostrar que existió una amenaza, un condicionamiento o alguna forma de manipulación y no simplemente que la Argentina jugó el peor partido de su historia en el momento más oportuno para todos los demás. El contexto convierte cualquier sospecha en combustible: Gianni Infantino mantiene una relación privilegiada con Donald Trump, instaló oficinas de la FIFA en la Torre Trump y quedó bajo la lupa del Congreso estadounidense por sus negocios, regalos y comunicaciones. ¿La Selección fue obligada a perder? No hay pruebas. ¿Fue apretada por Malvinas? Tampoco está demostrado. ¿Once campeones del mundo decidieron espontáneamente jugar una final sin patear al arco? Esa parece ser la explicación oficial y, curiosamente, también la que exige más fe.

Scroll al inicio