Milei se quedó sin épica y el Gobierno ya tiene olor a despedida: las encuestas que anticipan el final del experimento

La confianza oficial cayó más de 20% en un año, seis de cada diez argentinos rechazan la gestión y el Presidente quedó relegado entre los mandatarios peor valorados de América Latina. Encuestadores que pidieron preservar sus nombres admiten que la velocidad del deterioro los sorprendió. Constitucionalmente faltan casi 17 meses. Políticamente, el Gobierno está de salida.

El Gobierno de Javier Milei entró en esa etapa ingrata en la que todavía conserva ministros, vetos, cadena nacional y despacho presidencial, pero empieza a perder algo bastante más difícil de reponer: la expectativa de futuro. El Índice de Confianza en el Gobierno cayó en julio hasta 1,94 puntos, retrocedió 6,5% en apenas un mes e igualó el peor registro de toda la administración libertaria. En un año, Milei perdió más de una quinta parte de la confianza que había acumulado y ya quedó por debajo de Mauricio Macri en el mismo momento de su mandato. La Universidad de San Andrés encontró apenas un 34% de aprobación frente a un 62% de desaprobación, mientras que la insatisfacción con la marcha general del país alcanzó al 68%. El supuesto piso electoral libertario comienza a parecerse menos a un piso que a una trampilla.

Las demás mediciones aportan variaciones estadísticas a una misma autopsia. AtlasIntel registró un 58,2% de desaprobación presidencial y sólo un 39,7% de aprobación. Management & Fit ubicó a Milei con 30,3% de imagen positiva y 52,1% de negativa. Casa Tres midió un rechazo del 54%, mientras Karina Milei llegó al 65% de valoración negativa, una proeza política para alguien que rara vez habla en público y demuestra que el silencio tampoco siempre ayuda. En el escenario latinoamericano, el Presidente quedó en el puesto 14 entre 18 mandatarios, con 36,8% de imagen positiva y 61,3% de negativa. Cuando universidades, consultoras nacionales y firmas internacionales empiezan a encontrar el mismo derrumbe, ya no alcanza con denunciar operaciones, errores de muestreo o una conspiración de comunistas con gráficos de torta. Encuestadores que siguen periódicamente la opinión pública reconocen bajo reserva que los sorprendió la velocidad con la que se evaporó la promesa de futuro. Uno de ellos lo resumió sin anestesia: “El consumo está anoréxico. Olvídense de ganar en primera vuelta”.

El problema para la Casa Rosada es que las encuestas comenzaron a parecerse demasiado a la calle. La confianza del consumidor cayó 4,8% en julio y quedó 12,3% por debajo de un año atrás. Entre los hogares de menores ingresos, el derrumbe mensual fue del 11,5%. Las ventas en supermercados retrocedieron, los autoservicios mayoristas siguieron perdiendo volumen y el pequeño comercio continúa esperando una recuperación que llega todos los meses a las planillas oficiales y jamás encuentra estacionamiento en los barrios. Durante dos años, el Gobierno pudo presentar cada privación como el precio inevitable de un futuro luminoso. Ahora el futuro se aproxima y continúa pareciéndose sospechosamente al sacrificio. Milei conserva poder institucional, capacidad de veto y un núcleo duro que lo defendería incluso si anunciara la dolarización con fichas de casino, pero ya no discute cómo transformar la Argentina: calcula cómo evitar una derrota. Faltan casi 17 meses para el final constitucional del mandato, aunque los gobiernos no terminan cuando entregan la banda, sino cuando una mayoría deja de creer que pueden mejorarle la vida. Ese proceso ya comenzó. Milei sigue en la Casa Rosada, pero su Gobierno está de salida. Sólo falta que alguien se anime a avisarle.

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