En una Argentina donde el Gobierno se niega a discutir cómo aliviar a las familias endeudadas, la Casa Rosada sí encontró tiempo para refinanciar una deuda política: la supervivencia del PRO. El macrismo diseñó un “semáforo” para ordenar la negociación bonaerense. Verde para los municipios que gobierna y pretende declarar inmunes a la voracidad libertaria; amarillo para aquellos donde todavía conserva algún candidato reconocible; rojo para los distritos donde ya acepta entregar la lapicera. Debajo de la simpática presentación cromática hay una pregunta bastante menos alegre: cuánto del partido de Mauricio Macri seguirá existiendo después del acuerdo con Karina Milei.
Cristian Ritondo y Fernando de Andreis representaron al PRO en las dos reuniones celebradas en la Casa Rosada. Del otro lado se sentaron Diego Santilli, Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem. Karina Milei y Mauricio Macri no participaron: los propietarios no bajaron al inventario y mandaron a los encargados. En el segundo encuentro se evitó discutir los distritos gobernados por el macrismo, una omisión que los amarillos interpretaron como una señal de respeto. Que un partido festeje porque su aliado todavía no habló de quitarle las pocas intendencias que conserva explica mejor la relación de fuerzas que cualquier comunicado sobre “blindar el cambio”.
El PRO pretende preservar Vicente López, San Isidro, Junín y General Pueyrredón, además de los municipios que todavía controla en el interior. El problema comienza en Zárate, donde el intendente Marcelo Matzkin convive con las aspiraciones libertarias del exfutbolista Oscar Ahumada; continúa en La Plata, con Juan Osaba, Juan Pablo Allan, Julieta Quintero Chasman y Carolina Píparo amontonados frente a la vidriera; y se repite en Quilmes, donde Martiniano Molina y María Sotolano chocan con Nahuel Sotelo. En Bahía Blanca y La Matanza, la Casa Rosada directamente pretende quedarse con la definición. Sobre todo el tablero aparece Santilli como candidato a gobernador: un ex PRO convertido en jefe de Gabinete libertario y perfecta mascota de una alianza que llama “ampliación” a cambiar de dueño sin cambiar de dirigentes.
La urgencia tiene números. En septiembre de 2025, la alianza entre libertarios y macristas perdió la elección bonaerense por casi catorce puntos, mientras la mayoría de los intendentes volvió a demostrar que la maquinaria municipal todavía pesa. Apenas siete semanas después, Santilli dio vuelta el resultado en la elección nacional, aunque venció al peronismo por poco más de medio punto. LLA tiene la marca presidencial, pero necesita territorio; el PRO conserva territorio, pero ya casi no tiene marca. Macri deja circular a Hernán Lacunza para la Presidencia y a Pablo Petrecca para la Gobernación con la esperanza de encarecer la rendición. La discusión de fondo no es si ambos espacios se unirán para enfrentar al peronismo, sino si el PRO será absorbido antes o después de las elecciones. El semáforo tiene tres colores, pero todos terminan en violeta.

