Insólito: un concejal aliado a Sabbatella fue a la casa de Ghi a escracharlo

Ariel Aguilera, concejal del partido bonaerense de Morón, se presentó frente al domicilio particular del intendente después del tiroteo ocurrido cerca del colegio Emaús, en El Palomar. El dirigente que llegó al poder con La Libertad Avanza, rompió su bloque y terminó alineado con Victoria Villarruel eligió el hogar familiar de su adversario para montar una protesta. Su sociedad con Martín Sabbatella no es formal ni ideológica: los une algo mucho más práctico, el deseo de erosionar a Lucas Ghi.

En Morón, al oeste del conurbano bonaerense, un concejal decidió que el Concejo Deliberante era un escenario demasiado aburrido para reclamar por la inseguridad. Ariel Aguilera podía pedir informes, convocar una sesión extraordinaria, presentar un proyecto, exigir explicaciones a la Provincia o llamar públicamente a los responsables del área. Eligió otro camino: se trasladó hasta la vivienda particular del intendente Lucas Ghi para escracharlo. Ocurrió después de que Hernán Mariano Catarraso, comisario mayor retirado de la Policía Bonaerense, fuera baleado durante un intento de robo cerca del colegio Emaús de El Palomar. Mientras la víctima permanecía hospitalizada, su hija intentaba asimilar la escena y los atacantes continuaban prófugos, Aguilera descubrió una novedosa extensión del recinto legislativo: el timbre de la casa del adversario.

El recorrido del escracheador ayuda a entender la escena. Aguilera llegó al Concejo Deliberante en 2023 montado sobre la boleta de La Libertad Avanza y con el discurso flamante de los outsiders que prometían terminar con la casta. Después rompió con sus compañeros, armó su propio bloque, abandonó formalmente el partido y fundó Todo por Argentina, un monobloque identificado con Victoria Villarruel. La renovación institucional le duró aproximadamente lo mismo que la convivencia con quienes le consiguieron la banca. También convirtió en costumbre referirse burlonamente al intendente como “Luquita”, esa clase de diminutivo que permite simular picardía cuando apenas se está ofreciendo agresividad. Llegó prometiendo sacar las peores prácticas de la política y terminó llevando la política hasta la puerta de una vivienda familiar. El anticasta se convirtió en dirigente con entrega a domicilio.

Presentar a Aguilera como aliado de Martín Sabbatella requiere una aclaración. No integra Nuevo Encuentro y hasta declaró que soñaba con impedir que el exintendente volviera a gobernar Morón. Pero las convicciones municipales suelen ser muy estrictas hasta que aparece un enemigo compartido. Aguilera ya acompañó la interpelación contra Ghi impulsada con los votos del sabbatellismo y ahora vuelve a colocarse en la primera línea de la ofensiva contra el jefe comunal. No es una alianza nacida del afecto ni de una súbita coincidencia doctrinaria entre libertarios y kirchneristas. Es una sociedad de demolición: cada uno conserva su camiseta mientras golpea la misma pared. Sabbatella aporta el libreto sobre una gestión paralizada; Aguilera agrega el espectáculo callejero. En Morón, dos dirigentes pueden insultarse durante meses y convertirse en socios apenas encuentran un tercero al que conviene perjudicar.

La elección de una casa particular como escenario adquiere un tono todavía más inquietante por los antecedentes públicos del concejal. En 2025 circularon capturas de historias atribuidas a su cuenta de Instagram que combinaban la Marcha Peronista con la imagen de un Falcon verde, el automóvil convertido durante la última dictadura en símbolo de secuestros y desapariciones. También se le atribuyeron publicaciones con referencias a balazos, plomo y la necesidad de “aniquilar” adversarios ideológicos. No se informó que hubiera violencia física durante el escrache contra Ghi, pero el archivo existe y vuelve imposible presentar la visita como una simple travesura republicana. Cuando un funcionario asociado a esa clase de simbología decide trasladar una protesta hasta la casa de un rival, la provocación deja de ser un chiste de Instagram y empieza a parecerse demasiado a una intimidación. Apenas un día antes del tiroteo, Sabbatella había declarado que la política de seguridad municipal “no arranca”. Después llegaron las cámaras, la falsa espontaneidad vecinal y Aguilera frente al domicilio de Ghi. No existe una prueba pública de coordinación, pero el resultado fue perfectamente coordinado. La Policía todavía buscaba el paradero de los delincuentes. El concejal, en cambio, ya había encontrado una casa.

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