La convivencia dentro del Gobierno de Javier Milei entró en una fase explosiva. Según trascendió en las últimas horas, Karina Milei decidió sacar a Patricia Bullrich de las reuniones más sensibles del Gabinete luego de acusarla de filtrar discusiones internas y agitar el escándalo político alrededor de Manuel Adorni. El oficialismo, que llegó prometiendo terminar con “la casta”, parece haberse convertido en una máquina de internas, desconfianza y pases de factura.
El detonante habría sido el creciente enojo del karinismo por los movimientos de Bullrich alrededor de las denuncias contra Adorni. La ministra habría impulsado reclamos internos para que el vocero presidencial diera explicaciones públicas y presentara documentación patrimonial cuanto antes. En el entorno presidencial lo interpretaron como una maniobra para marcarle límites al círculo íntimo de Milei. Error fatal en una administración donde el poder parece concentrarse cada vez más en un esquema familiar hermético y obsesionado con el control político.
Fuentes oficiales aseguran que la tensión escaló durante una reunión de Gabinete cargada de gritos y reproches. Javier Milei defendió a Adorni con furia y Karina terminó tomando una decisión drástica: excluir a Bullrich de la mesa donde se define la estrategia real del Gobierno. Desde entonces, la ministra quedó relegada a un rol más decorativo que ejecutivo. Una postal incómoda para quien supo ser una de las figuras más poderosas del oficialismo y hoy observa cómo el “triángulo de hierro” libertario se transforma en un bunker cada vez más cerrado, desconfiado y aislado de la realidad. Porque nada transmite más estabilidad institucional que un gobierno peleándose consigo mismo mientras la economía sigue prendida fuego.

