La campaña de 2027 empezó oficialmente con más de un año de anticipación, porque la política argentina puede carecer de casi todo menos de ansiedad. Axel Kicillof entró al acto de MDF Juventudes con “Fanático”, de Lali Espósito, y fue recibido al grito de “Axel presidente” por una multitud cuyo tamaño osciló entre cientos, tres mil y cuatro mil personas, según el entusiasmo de quien llevara la cuenta. Hubo comisiones, streaming, banderas y la escenografía completa de una candidatura que todavía no se anuncia porque, al parecer, pretende conservar algo de misterio. Frente a esa platea, el gobernador pidió “darles el bastón” a los jóvenes y los invitó a terminar con la era Milei en 2027.
El problema apareció cuando llegó el momento de mostrar quiénes sostendrían semejante bastón. Entre las caras juveniles sobresalieron Aylén Katopodis, hija de Gabriel Katopodis, y Macarena Kunkel, hija del histórico dirigente Carlos Kunkel. Los nombres de pila aportaron frescura. Los apellidos se encargaron de tranquilizar al aparato. Cerca estaban Verónica Magario, Andrés Larroque, Carlos Bianco, Fernando Moreira y buena parte del elenco estable bonaerense. Kicillof prometió construir una alternativa “de abajo hacia arriba”, aunque la construcción comenzó, como suele ocurrir en el peronismo, con toda la cúpula cómodamente instalada arriba del escenario.
El gobernador, sin embargo, eligió una herida verdadera. El desempleo entre las mujeres de 14 a 29 años llega al 15,5% y entre los varones alcanza el 14,6%, casi el doble del promedio nacional. La informalidad ya envuelve al 44,2% de quienes consiguen trabajar y la cantidad de jóvenes con deudas consideradas irrecuperables creció 85% en apenas un año. Desde la llegada de Milei también desaparecieron más de 300 mil empleos registrados, aunque el Presidente explicó en el Council de las Américas que el desempleo no aumentó, los salarios no cayeron y quienes sostienen lo contrario son “imbéciles”. El milagro libertario funciona con una precisión admirable siempre que no se acerque alguien que deba pagar un alquiler, llenar la heladera o conseguir su primer empleo.
Kicillof aseguró además que la alternativa no saldrá de “un laboratorio, una rosca ni una reunión entre cuatro paredes”. Diez días antes había pasado más de tres horas en un hotel de Retiro junto a Sergio Massa, Máximo Kirchner, gobernadores y jefes parlamentarios discutiendo las PASO. El futuro necesita épica, pero también picada y cena. Nadie entregó todavía ningún bastón y el dispositivo bonaerense conserva demasiado olor a pasado para presentarse como una revolución. Aun así, Milei le hizo a Kicillof el mayor aporte de campaña posible: convirtió a buena parte de la juventud que lo llevó al poder en una generación endeudada, precarizada y sin horizonte, y después le explicó que los números dicen que está bárbara. La motosierra, finalmente, empezó a cortar la rama de la que colgaba el voto libertario.

