El Mundial 2026 entró en esa fase en la que ya no alcanza con prometer actitud, mística, humildad o “ir partido a partido”, ese mantra que el fútbol repite para no admitir que nadie tiene idea de nada. Ahora también apareció la inteligencia artificial para hacer lo que antes hacían los bares, los periodistas y los tíos insoportables: anticipar quién gana. Una supercomputadora procesó miles de variables, simuló los cruces de 16avos y dejó un cuadro proyectado que mezcla lógica, crueldad estadística y un desprecio absoluto por la épica.
La Argentina aparece como la selección con más chances de superar su cruce: el modelo le da un 89,24% de probabilidades de eliminar a Cabo Verde, el porcentaje más alto de toda la ronda. Detrás vienen España, con 85,22% ante Austria; Inglaterra, con 84,04% frente a República Democrática del Congo; y Francia, con 81,46% contra Suecia. La IA, como se ve, no se emociona con camisetas, himnos ni relatos de superación: calcula, sentencia y deja a medio planeta rezándole a un córner mal defendido.
El algoritmo también favorece a Alemania sobre Paraguay, Países Bajos ante Marruecos, Portugal contra Croacia, Estados Unidos frente a Bosnia, Bélgica ante Senegal, Brasil contra Japón, Noruega frente a Costa de Marfil, México ante Ecuador, Suiza contra Argelia y Colombia frente a Ghana. El cruce más parejo sería Egipto-Australia, donde la ventaja africana sería mínima. En términos humanos: ni la máquina se anima demasiado a poner la mano en el fuego por ese partido, lo cual ya es bastante sensato para un aparato sin alma.
Si los favoritos cumplen, los octavos quedarían cargados de choques pesados: Alemania-Francia, Canadá-Países Bajos, Portugal-España, Estados Unidos-Bélgica, Brasil-Noruega, México-Inglaterra, Argentina-Egipto y Suiza-Colombia. Antes del torneo, el mismo modelo ubicaba a España como principal candidata al título, seguida por Francia, Inglaterra y Argentina. Pero el fútbol todavía conserva una módica reserva de caos: un rebote miserable, un arquero iluminado o un VAR con ganas de protagonismo pueden convertir a la inteligencia artificial en lo que todos terminamos siendo durante un Mundial: un pronosticador humillado.

