Mientras el termómetro social sube y la economía sigue en modo experimental, en los pasillos de Balcarce 50 empezó a circular una consigna que suena a mantra: “resiliencia ultra”. Según reconstruyen operadores cercanos al Gobierno, la idea apunta a blindar la figura de Javier Milei frente al desgaste natural de la gestión y, de paso, instalar la hipótesis de una reelección en 2027.
El concepto no sería casual. Se comenta que el círculo íntimo del Presidente busca convertir cada conflicto en una prueba superada, una especie de maratón política donde el costo social queda relegado a la categoría de “daño colateral necesario”. En ese esquema, las tensiones con gobernadores, sindicatos y sectores empresarios no serían señales de debilidad sino parte del relato de confrontación permanente que el oficialismo necesita para sostener su identidad.
En paralelo, algunas usinas digitales libertarias ya empezaron a trabajar en la construcción de un Milei resistente, casi inmune al desgaste. Trascendió que en reuniones reservadas se analiza cómo capitalizar cada crisis para reforzar la idea de que “todo iba a ser peor” sin el ajuste. Una narrativa incómoda, pero funcional en un contexto donde los indicadores no terminan de acompañar el optimismo oficial.
El problema es menos épico y más terrenal: la paciencia social tiene vencimiento. En ese límite se juega la apuesta de fondo. Si la “resiliencia ultra” funciona, Milei podría llegar competitivo a 2027. Si no, la historia argentina, que no suele tener mucha tolerancia con los experimentos largos, podría encargarse de archivar el concepto bastante antes.

