“Se viene un infierno de camiones”: el campo y la industria alertan por rutas detonadas y riesgo de colapso exportador

Empresarios agroindustriales, cámaras logísticas y operadores portuarios presionan al Gobierno por obras urgentes en accesos, rutas y ferrocarriles. Temen que la cosecha récord y el aumento de exportaciones conviertan a Rosario y los puertos del Paraná en una trampa de tránsito, demoras y pérdidas millonarias.

La advertencia ya circula entre despachos oficiales, cámaras empresarias y gobernaciones: el sistema logístico argentino está funcionando al límite. Con mejores perspectivas para las exportaciones agroindustriales, crecimiento de la actividad minera y mayor movimiento de cargas, sectores del campo y la industria comenzaron a reclamar obras inmediatas para evitar un escenario de parálisis en rutas y accesos portuarios. El foco está puesto sobre el cordón agroexportador del Gran Rosario, donde cada cosecha fuerte transforma autopistas y caminos rurales en una mezcla de embotellamiento, barro y desesperación camionera.

Empresas cerealeras y operadores logísticos aseguran que hay accesos destruidos, cuellos de botella ferroviarios y demoras cada vez más costosas para mover mercadería. Un empresario vinculado al transporte de cargas en Santa Fe describió el panorama con crudeza: “Hay días donde entran miles de camiones y todo queda frenado por kilómetros. Si la producción sigue creciendo sin infraestructura, en algún momento explota”. Según comentan en el sector, el temor no es solo económico. También preocupa el deterioro urbano en localidades atravesadas por tránsito pesado constante, accidentes viales y saturación de servicios.

En provincias del norte y la región centro el reclamo suma otro ingrediente: el boom de proyectos mineros y energéticos. Gobernadores, exportadores y cámaras industriales vienen advirtiendo que la red vial y ferroviaria quedó vieja frente al nuevo volumen de actividad. El Belgrano Cargas volvió a convertirse en una pieza estratégica para transportar granos y minerales, aunque empresarios reconocen que las obras avanzan más lento de lo que exige el negocio. “El país discute inteligencia artificial mientras hay camiones destruyendo amortiguadores en rutas que parecen bombardeadas”, ironizó un ejecutivo del sector alimenticio durante una reunión privada en Rosario.

En paralelo, el Gobierno enfrenta presión para acelerar inversiones sin margen fiscal cómodo y con provincias reclamando fondos. En el sector agroexportador sostienen que el problema dejó de ser técnico para transformarse en político: si la infraestructura no acompaña, el famoso “boom exportador” puede terminar convertido en una postal muy argentina, con miles de toneladas frenadas bajo la lluvia, choferes durmiendo en la banquina y funcionarios inaugurando carteles de obras que todavía no existen.

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