Mar del Plata desalojó “La Saladita” de Playa Bristol y crece el malestar: comerciantes hablan de improvisación y el municipio se defiende

El operativo, presentado como “ordenamiento del espacio público”, dejó a decenas de feriantes sin trabajo en plena temporada baja. Versiones cruzadas, controles intermitentes y una postal que se repite en Mar del Plata.

El desalojo de la feria informal conocida como “La Saladita” en la zona de Playa Bristol se concretó con un despliegue de inspectores municipales y presencia policial que, según fuentes oficiales, buscó “recuperar el espacio público y garantizar la circulación”. La escena, sin embargo, incluyó puestos desarmados a las apuradas, mercadería acumulada en veredas y trabajadores que aseguraron no haber recibido notificación clara previa.

Desde el municipio se sostuvo que la feria operaba sin habilitación y que existían denuncias de comerciantes formales por competencia desleal. No es un argumento nuevo: en los últimos años, distintas gestiones locales alternaron entre tolerar estos espacios en temporada alta y desactivarlos cuando la presión del sector formal aumenta. El resultado suele ser el mismo: ciclos de habilitación tácita seguidos de operativos sorpresivos que dejan a todos en el aire.

“Hace ocho años que trabajo acá, nunca vino nadie a decirme ‘regularizate de esta manera’”, señaló Marta, vendedora de indumentaria, mientras juntaba bolsas negras con lo que pudo rescatar. A pocos metros, un comerciante de la peatonal San Martín, que pidió reserva de identidad, describió la situación con menos paciencia: “El problema no es que los saquen, es que los dejan volver cada verano. Así es imposible competir”. Entre ambos discursos, el municipio intenta sostener una línea que, en los hechos, parece moverse según la época del año y el humor social.

Especialistas en economía informal vienen advirtiendo que el fenómeno no es exclusivo de la ciudad. La expansión de ferias irregulares creció al ritmo de la caída del empleo formal y la pérdida de poder adquisitivo, una tendencia que se profundizó tras la pandemia y las sucesivas crisis económicas. En ese contexto, los desalojos funcionan más como respuesta estética que como solución estructural: limpian la postal, pero no resuelven el problema.

Mientras tanto, la postal de Bristol volvió a su versión “ordenada”, con vista al mar y sin puestos a la vista. Los feriantes, en cambio, empezaron a circular por otras zonas, buscando un nuevo rincón donde instalarse hasta el próximo operativo. En Mar del Plata, el espacio público no se regula: se negocia, se tolera y, cuando conviene, se barre.

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