Se terminó el Mundial y empezó la pesadilla: Milei va por la reelección entre fábricas cerradas, bolsillos vacíos y una guerra en el Congreso

La derrota ante España terminó con la anestesia colectiva. La Casa Rosada acelera reformas, negocia con gobernadores y apuesta todo a una inflación que baja mientras se destruyen empleos, empresas y expectativas. El segundo semestre será el primer acto de la campaña de 2027.

La pelota dejó de rodar y la Argentina volvió a caer sobre la Argentina.

Durante varias semanas, el Mundial permitió la ilusión de que el país podía suspenderse. Había goles, cábalas, banderas y una Selección capaz de ofrecer algo parecido a la felicidad sin exigir a cambio un crédito personal. La derrota ante España terminó con el recreo. Apenas se apagaron las pantallas, reaparecieron la economía, el Congreso, las internas libertarias y la reelección de Javier Milei. Es decir, la programación habitual.

El Presidente ingresará en el segundo semestre con una obsesión: convertir cada ley, cada acuerdo provincial y cada décima de inflación en un ladrillo para su candidatura de 2027. Ya no se trata solamente de gobernar, verbo que en la Argentina suele usarse con una generosidad casi literaria. Se trata de construir las condiciones para permanecer otros cuatro años en el poder.

La campaña empezó. El problema es que el país real también.

La inflación baja y el resto se hunde

Milei apuesta a que la sociedad lo juzgue casi exclusivamente por la inflación. Es una jugada comprensible: cuando casi todos los demás indicadores resultan incómodos, conviene declarar que existe uno solo.

El índice de junio fue del 1,9%, el más bajo en diez meses. La cifra le permite al Gobierno preparar discursos triunfales, placas celebratorias y nuevas explicaciones acerca de por qué los argentinos deberían sentirse mejor aunque todavía no hayan recibido la correspondiente notificación en sus cuentas bancarias.

El primer semestre acumuló una inflación del 16,8% y la variación interanual llegó al 33,5%. La meta oficial del 10,1% para todo 2026 ya pertenece al género fantástico. De todos modos, la administración libertaria presentará la desaceleración como la prueba definitiva de que el sacrificio funcionó. Si el paciente sigue dolorido, será porque todavía no comprendió la excelencia de la cirugía.

Detrás de la inflación aparecen los números que la propaganda mira de reojo. La producción industrial cayó 5,7% interanual en mayo. El empleo registrado retrocedió nuevamente en abril. Desde diciembre de 2023 desaparecieron más de 28.000 empresas empleadoras y alrededor de 341.000 puestos de trabajo formal. En los primeros cuatro meses de este año cerraron otras 5.654 firmas.

La desocupación llegó al 7,8%, la informalidad alcanzó al 44,2% y la subocupación subió al 11,1%. El Gobierno consiguió así una modalidad bastante novedosa de estabilidad laboral: millones de personas pueden estar tranquilas porque ya no tienen un empleo formal que perder.

La recaudación de junio cayó más de 7% en términos reales. Las ventas en supermercados y mayoristas siguen retrocediendo. Las pymes acumulan problemas de financiamiento y morosidad. Los grandes números pueden exhibir disciplina; el pequeño detalle de que la población debe comer todos los días continúa introduciendo cierta volatilidad.

El modelo muestra una Argentina partida. Crecen la minería, el petróleo, el gas, el campo y algunos negocios financieros. Retroceden la industria, el comercio y buena parte de las actividades que emplean personas en cantidades molestas. El país exportador avanza mientras el país que paga alquiler, llena la heladera y busca trabajo se queda esperando en la banquina.

El Congreso como comando electoral

La Casa Rosada sabe que una inflación descendente no garantiza la reelección si llega acompañada por una economía sin pulso. Por eso el segundo semestre tendrá una agenda legislativa diseñada como plataforma electoral.

El Gobierno impulsará una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central para devolverle como misión central la preservación del valor de la moneda, prohibir el financiamiento al Tesoro mediante adelantos transitorios y letras intransferibles, reforzar la estabilidad de sus autoridades y establecer sanciones para quienes violen esas restricciones.

La explicación oficial es sencilla: hay que impedir que un futuro gobierno populista vuelva a destruir la moneda. Milei intenta así dejarle esposas al próximo presidente, incluso si ese presidente vuelve a ser él. La desconfianza hacia la política nacional alcanzó un grado de madurez admirable: el Gobierno ya legisla para proteger al país de los gobiernos.

La reforma monetaria compartiría cartel con cambios en el organismo estadístico, el Presupuesto 2027, la eliminación de las PASO, la modificación del régimen de zonas frías, el Súper-RIGI y nuevas reglas sobre propiedad privada y adquisición de tierras.

Cada proyecto encierra una negociación con los gobernadores. La eliminación de las primarias, en particular, está vinculada con el diseño de las alianzas para 2027 y con la coordinación entre las elecciones nacionales y provinciales. La Libertad Avanza puede resignar candidaturas locales a cambio de apoyo legislativo y boletas amigables. El federalismo vuelve a funcionar: las provincias entregan votos y la Nación evalúa qué puede entregar sin que parezca un soborno institucional.

El Presupuesto 2027 comenzará a discutirse en septiembre. Allí se verá si la motosierra conserva combustible o si la caída de la recaudación obliga a buscar nuevos sectores dispuestos a ser sacrificados en nombre del equilibrio fiscal. Siempre queda alguien. Esa es una de las pocas industrias argentinas que nunca enfrenta problemas de oferta.

Karina, Bullrich y la familia libertaria

Karina Milei tomó el control cotidiano de los bloques oficialistas. Convoca reuniones en la Casa Rosada y supervisa la tropa legislativa con la delicadeza de una inspectora en una cárcel de máxima seguridad. Los diputados y senadores libertarios compiten por asistir, obedecer y demostrar que todavía recuerdan quién confecciona las listas.

El inconveniente está en el Senado, donde Patricia Bullrich cumple la agenda presidencial sin renunciar a construir poder propio. La exministra consiguió abrir una sesión cuestionada por distintos sectores del oficialismo, pero debió postergar hasta agosto el debate sobre la flexibilización de la compra de tierras por extranjeros. La resistencia de los gobernadores y la intransigencia de Federico Sturzenegger dinamitaron el acuerdo.

Bullrich, Karina Milei y Victoria Villarruel conforman una convivencia política donde todos pertenecen al mismo espacio y casi ninguno parece dispuesto a permanecer en la misma habitación. Milei tolera la disputa mientras cada sector continúe votando sus proyectos. La unidad libertaria consiste, por ahora, en pelearse después de dar cuórum.

También avanza el nombramiento de jueces. El oficialismo ya consiguió aprobar más de un centenar de pliegos y aspira a cerrar el año con varios cientos de magistrados designados. Mientras el Gobierno denuncia a la casta, negocia con ella el armado de los tribunales. No es una contradicción: es la evolución natural de una revolución cuando descubre las ventajas del mobiliario estatal.

La oposición trabaja para Milei

La mayor fortaleza del Presidente no aparece en las estadísticas económicas. Está sentada enfrente.

El peronismo conserva votos, gobernadores e intendencias, aunque continúa incapacitado para definir una conducción, un programa o siquiera una tregua. Axel Kicillof intenta proyectarse hacia 2027 mientras Máximo Kirchner le administra fuego amigo. Sergio Massa evita exponer capital político y los mandatarios provinciales buscan acuerdos individuales para sobrevivir. Cristina Kirchner ya no organiza el sistema con la eficacia de otros tiempos y cada sector parece esperar que otro pague el costo de competir.

Solamente cuatro gobernadores mantienen una pertenencia orgánica al PJ. Otros dialogan con el peronismo mientras negocian con la Casa Rosada. La doctrina es flexible: convicciones firmes, transferencias mediante.

Los estudios electorales muestran al peronismo y a La Libertad Avanza disputándose alrededor de una cuarta parte del electorado cada uno. Milei conserva un núcleo duro, aunque mucho más pequeño que el porcentaje con el que ganó en 2023. El peronismo mantiene una base similar sin haber resuelto todavía quién hablará en su nombre ni qué hará en caso de recibir una respuesta.

La aprobación del Gobierno cayó al 34% y la desaprobación llegó al 62%. Más de la mitad de la población considera que el país empeoró durante el último año. La falta de trabajo, la corrupción y los bajos salarios desplazaron a la inflación entre las preocupaciones principales.

Es un escenario ruinoso para cualquier oficialismo. También es una oportunidad, siempre que la oposición argentina continúe haciendo lo que mejor sabe: desperdiciarla.

El lunes más largo

Milei entrará en la campaña de 2027 defendiendo una promesa que todavía no llegó a los hogares. Pedirá paciencia a quienes perdieron poder adquisitivo, entusiasmo a quienes buscan trabajo y confianza a los empresarios que ven desaparecer clientes. Presentará cada cierre como modernización, cada despido como sinceramiento y cada ajuste como el precio inevitable de una prosperidad que siempre empieza el trimestre siguiente.

El Gobierno necesita que la inflación continúe bajando, que el dólar no se escape, que los gobernadores acepten negociar, que el Congreso apruebe sus reformas, que la interna libertaria no estalle y que el peronismo siga dividido. No es un plan económico: es una cadena de ruegos disfrazada de destino inexorable.

La Selección ya no está para distraer a nadie. Tampoco quedan demasiadas celebraciones nacionales en el calendario. A partir de ahora, el oficialismo deberá jugar sin Messi, sin alargue y con un estadio donde el 62% del público ya empezó a silbar.

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