El cuento de las cuentas: socios de Hernán Casciari intimaron a Orsai para que explique qué hizo con el dinero

Inversores reclaman contratos, balances y comprobantes de varios proyectos audiovisuales. El conflicto también reavivó el fallido intento del escritor de obtener durante 99 años un predio municipal para instalar una universidad privada en Mercedes.

El modelo que prometía eliminar intermediarios acaba de incorporar uno inesperado: el cartero. Un grupo de socios productores de Orsai Audiovisuales difundió cartas documento enviadas el 4 de agosto para exigir la rendición completa de proyectos como Canelones, La muerte de un comediante, Sola en el paraíso y la producción animada sobre el Dibu Martínez. Reclaman contratos, balances, estados contables, comprobantes de ingresos y egresos y precisiones sobre la distribución de utilidades. Los aportantes aseguran que agotaron durante años las consultas internas sin obtener respuestas suficientes. Hasta ahora no se conoce una resolución judicial que pruebe una maniobra ilegal, pero tampoco apareció en los canales abiertos de Orsai una contestación detallada a las intimaciones. La transparencia que iba a transmitirse en tiempo real terminó llegando por carta documento. (Productores Organizados, promesa pública de Orsai)

La herida más incómoda es la producción sobre Emiliano Martínez. El sitio de Orsai registra 4.288 socios productores para Emi On Off y otros 1.250 aportantes de la etapa de guion. El proyecto fue anunciado como una serie animada sobre la infancia del arquero, con Casciari, Liniers y el propio Dibu trabajando delante de los inversores. Sin embargo, la idea terminó convertida en Dibu: el pibe que ataja el tiempo, producida por PEGSA para Netflix. Orsai sostiene que la productora adquirió el guion y que el dinero correspondiente fue acreditado entre quienes habían financiado esa primera instancia. El problema —ese detalle molesto que aparece cuando se apagan los aplausos— es que los otros 4.288 socios denuncian que habían puesto dinero para producir una obra audiovisual y continúan reclamando información sobre el destino de esa inversión. La explicación oficial resuelve la venta del guion; la parte más cara de la historia todavía busca final. (Información oficial de Orsai)

Los testimonios difundidos con identidad preservada repiten una pregunta bastante menos literaria: dónde están las cuentas. “¿Cuándo van a dar información sobre las ganancias de la inversión?”, reclamó uno de los productores. Otro exigió una declaración de ingresos y gastos certificada por un estudio contable o auditor externo. Un tercero fue directo: “Ese Excel que está en la app web no es un comprobante válido”. La agrupación también afirma que algunos socios de La muerte de un comediante recibieron apenas 1,41 dólares y que la billetera exige reunir cuatro dólares para retirar el saldo, de modo que deberían invertir nuevamente o gastarlo dentro del ecosistema Orsai. La denuncia no pudo ser verificada de manera independiente, pero golpea justo donde más duele: la aplicación había sido presentada como la gran herramienta de transparencia, dividendos y decisiones comunitarias. El prodigio tecnológico habría conseguido que recuperar una inversión resulte más complicado que comprarle otro libro a Casciari.

El conflicto tampoco cayó sobre un historial completamente virgen. En 2024, Casciari intentó instalar en Mercedes la llamada Universidad de Narrativa Orsai con el respaldo del intendente Juan Ustarroz, dirigente cercano a La Cámpora y a Wado de Pedro. El proyecto oficial proponía entregar gratuitamente a la Fundación Orsai, durante 99 años, el predio municipal de la ex fábrica Dupont, comprado por la comuna por unos 320 mil dólares. Casciari prometía una inversión inicial propia de tres millones de dólares, aunque también había explicado que parte del emprendimiento se financiaría mediante aportes comunitarios y donaciones extranjeras. Dos concejales libertarios se negaron a acompañar la cesión y propusieron cobrar un alquiler; como el escritor exigía unanimidad, el convenio se desplomó. Casciari acusó a sus opositores de decir que no por decir que no y anunció que llevaría su “faro hispanoamericano” a otra ciudad. La universidad nunca apareció en los términos anunciados: lo que finalmente abrió en 2025 fue una Escuela de Narrativa con talleres pagos en el Paseo La Plaza. Aquel episodio no demuestra ninguna irregularidad en las películas, pero completa un método incómodo: proyectos privados presentados como epopeyas comunitarias, multitudes invitadas a confiar y preguntas contables tratadas como una vulgar falta de sensibilidad artística. Casciari siempre dijo que ningún socio productor perdería dinero. Ahora falta el capítulo menos emocionante: mostrar los números.

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