Crisis de la leche en Argentina: cuesta cada vez más sacarla y crece el temor de que no alcance para satisfacer a todos

La industria láctea atraviesa uno de sus momentos más difíciles. Los productores hacen esfuerzos extraordinarios para sacarla, pero distribuirla cuesta una fortuna. Los argentinos reciben cada vez menos y, cuando finalmente les llega, tienen que pagarla.

La Argentina enfrenta una crisis que amenaza con dejar insatisfechos a millones de consumidores: cada vez cuesta más sacar la leche y conseguir que llegue a destino. Los productores aseguran que hacen todo lo humanamente posible, pero los resultados son decepcionantes. El esfuerzo es cada vez mayor, el rendimiento disminuye y muchos empiezan a preguntarse cuánto tiempo podrán seguir sosteniendo semejante exigencia. En un país donde prácticamente todo se ha encarecido, hasta sacarse la leche de encima se convirtió en un problema económico.

El principal inconveniente aparece después de sacarla: nadie sabe cómo colocarla sin perder dinero. Cerca del 29% de los costos de la industria se destina a logística. La leche debe recorrer cientos de kilómetros, mantenerse fresca y llegar en condiciones de ser consumida. Cualquier demora puede arruinarlo todo. Una vez que sale, comienza una carrera contrarreloj para evitar que se eche a perder. Los especialistas advierten que no alcanza con producir grandes cantidades: también hay que encontrar quién esté dispuesto a recibirlas. Y, preferentemente, que pague por hacerlo.

La situación se agrava porque los argentinos consumen cada vez menos leche, aunque producirla exige más sacrificios que nunca. En la última década, el consumo de lácteos cayó cerca del 15%, mientras que el volumen transportado retrocedió alrededor del 35% en quince años. Como si fuera poco, los tamberos llegaron a necesitar 4,7 litros de leche para comprar apenas uno de gasoil. La relación entre lo que se entrega y lo que se recibe resulta cada vez menos satisfactoria. Hay productores que se esfuerzan durante toda la jornada para terminar comprobando que prácticamente todo lo obtenido se les fue en el camino.

Mientras tanto, el Gobierno confía en que el mercado encontrará por sí solo la manera de resolver el problema. Los productores dicen que no pueden seguir sacándola a cualquier precio, los transportistas cobran cada vez más por llevarla y los consumidores aseguran que ya no están en condiciones de recibir tanta como antes. La industria reclama medidas urgentes para recuperar su capacidad de producción y distribución. Nadie se atreve a garantizar que habrá suficiente para satisfacer a todos. Por ahora, la leche sigue saliendo, aunque en cantidades que no conforman a nadie. Y todo indica que, si la situación no cambia, los argentinos tendrán que acostumbrarse a recibir cada vez menos, pagar cada vez más y agradecer que todavía haya alguien dispuesto a dársela.

Scroll al inicio