El mundo entra en cuenta regresiva: Trump podría lanzar una bomba nuclear contra Irán antes del sábado y desatar la Tercera Guerra Mundial

El periodista conservador señaló el 7 de noviembre como fecha límite para una decisión que podría incendiar el planeta. Netanyahu estaría presionando por un ataque atómico. La humanidad, una vez más, depende del criterio de sus dirigentes.

La Tercera Guerra Mundial podría comenzar antes de que termine la semana. No por un accidente, un meteorito o una rebelión de las máquinas, sino por algo bastante más previsible: una decisión política. Tucker Carlson advirtió que Donald Trump podría autorizar un ataque nuclear contra Irán antes del sábado 7 de noviembre. Según su pronóstico, después vendría una guerra «corta y definitiva». La clase de conflicto en el que nadie tiene tiempo de arrepentirse.

Detrás de la posible catástrofe estaría Benjamin Netanyahu. Según Carlson, el primer ministro israelí llama diariamente a Trump para convencerlo de destruir Pickaxe Mountain, una instalación iraní enterrada bajo unos 90 metros de granito. Como las bombas convencionales no alcanzarían, la solución propuesta sería una bomba atómica. Netanyahu acaba de quedar sin mayoría parlamentaria y, si la versión es cierta, estaría considerando una forma singular de resolver su crisis: convertir un problema de bancas en un problema de supervivencia de la especie.

Las consecuencias imaginadas por Carlson incluyen contaminación radiactiva en el Golfo Pérsico, millones de personas amenazadas por la falta de agua y una reacción en cadena de potencias nucleares. Rusia, India, Pakistán y Corea del Norte podrían concluir que, si Washington inaugura la fiesta atómica, sería descortés no participar. La diplomacia internacional pasaría entonces a su etapa más sincera: todos amenazándose con destruirse, con una capacidad inédita para cumplir.

La denuncia no incluye pruebas públicas de que Trump haya aprobado semejante operación. El presidente incluso había descartado esa alternativa en octubre. Según Carlson, todavía escucha a JD Vance y Steve Witkoff, que apuestan a negociar. Es el único dato tranquilizador: el destino del planeta podría depender de que un puñado de funcionarios logre convencer a Donald Trump de que no apriete el botón. Mientras tanto, el mundo sigue trabajando, pagando impuestos y discutiendo nimiedades en las redes. Si la advertencia se cumple, será el último gran triunfo de la normalidad: fingir que nada pasa hasta que ya no quede nadie para contarlo.

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