El peronismo se declaró en emergencia: Ishii y el kirchnerismo vuelven a cercar a Kicillof en el Senado

Buscan aprobar por la vía rápida dos leyes que describen hospitales desbordados y una crisis alimentaria en la provincia que gobiernan desde 2019. No tienen los votos, pero les sobran micrófonos, reproches y compañeros dispuestos a explicar públicamente que todo funciona bastante mal.

El Senado bonaerense volverá a sesionar este jueves y el kirchnerismo intentará aprobar sobre tablas los proyectos de emergencia alimentaria y sanitaria presentados por Mario Ishii. Como las iniciativas no atravesaron las comisiones, harán falta dos tercios de los votos, una mayoría que Sergio Berni todavía no consiguió reunir. Los senadores alineados con Axel Kicillof rechazan la maniobra y parte de la oposición reclama que los textos sigan el trámite habitual, ese procedimiento tedioso que consiste en leer las leyes antes de votarlas. El cristinismo, en cambio, considera que la situación no puede esperar. Sobre todo la interna.

La emergencia alimentaria tendría una vigencia de 18 meses, obligaría a incrementar las partidas destinadas a comedores escolares, merenderos y asistencia directa, establecería actualizaciones bimestrales por inflación y crearía un fondo especial bajo vigilancia de una comisión bicameral. La sanitaria también duraría 18 meses y habilitaría reasignaciones presupuestarias, compras extraordinarias y medidas para garantizar medicamentos, vacunas, insumos y tratamientos oncológicos. Traducido del dialecto legislativo: dos proyectos impulsados por miembros del oficialismo describen una provincia con hambre, hospitales colapsados y recursos insuficientes, para luego ordenarle al gobernador peronista que haga algo al respecto. La Libertad Avanza podría aportar votos, aunque exige eliminar las críticas al Gobierno nacional. La ideología, una vez más, quedó reducida a una función del control de cambios.

La pulseada ya había estallado en junio, cuando Ishii acusó a Kicillof de impedir el tratamiento de las iniciativas y lo invitó a recorrer el Conurbano para conocer hospitales desbordados y faltantes de insumos. Verónica Magario le informó que sus cinco minutos habían terminado y, ante la insistencia del senador, directamente le cortó el micrófono. Berni salió en su defensa y el oficialismo ofreció entonces uno de sus espectáculos más sinceros: todos denunciaban una crisis social mientras discutían quién tenía permitido describirla. Ishii, que había acompañado inicialmente la construcción política de Kicillof, terminó acercándose al cristinismo, consiguió una banca con respaldo de Máximo Kirchner y fue elegido vicepresidente del Senado. En el peronismo bonaerense las convicciones suelen madurar con una admirable velocidad cuando aparece un casillero disponible en una lista.

El exintendente de José C. Paz agregó ahora un tercer proyectil: quiere que la Provincia pague combustible, seguros, repuestos y reparaciones de los patrulleros que hoy sostienen los municipios. La iniciativa recuerda que la seguridad es responsabilidad constitucional del Gobierno bonaerense, detalle jurídico que durante años fue tratado como una leyenda rural mientras los intendentes financiaban móviles policiales para evitar que quedaran convertidos en maceteros. Así, Ishii ya consiguió responsabilizar a Kicillof por la comida, la salud y la seguridad sin abandonar formalmente el oficialismo. Todos coinciden en que los bonaerenses atraviesan una situación crítica; sólo falta determinar qué sector del mismo partido podrá utilizarla para construir su candidatura. Las emergencias todavía no tienen ley. La interna, en cambio, ya tiene quórum.

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