El templo de Casciari se derrumba: denuncias por presunta estafa y el inquietante paralelismo con Jim Jones

Dieciocho inversores denunciaron al creador de Orsai por presunta estafa. Promesas de prosperidad, seguidores devotos y una comunidad construida alrededor de un líder carismático: las semejanzas con el predicador de Jonestown llegan hasta donde empiezan los balances.

Hernán Casciari prometió una pequeña revolución: lectores convertidos en productores, películas sin intermediarios y una comunidad unida por la literatura, el cine y los dólares. En Orsai, la confianza en el escritor parecía funcionar como garantía de inversión. Hasta que algunos fieles cometieron una herejía imperdonable: preguntar dónde estaba la plata. La utopía cultural había descubierto su peor enemigo, la contabilidad.

Dieciocho inversores denunciaron penalmente a Casciari por presunta estafa y administración fraudulenta. Afirman haber aportado entre 50 y 3.000 dólares a proyectos como La uruguaya, Canelones y La muerte de un comediante. Cuestionan retornos muy inferiores a los esperados, rendiciones insuficientes y presuntos movimientos de fondos no autorizados. La revolución que prometía democratizar el cine terminó, para estos denunciantes, democratizando las pérdidas.

El fenómeno recuerda un mecanismo que Jim Jones conocía perfectamente: construir una comunidad alrededor de una promesa de emancipación y convertir la confianza en el líder en un valor superior a cualquier comprobación. El predicador estadounidense ofrecía una sociedad mejor; Casciari, una industria cultural más justa. Ambos proyectos apelaban a la pertenencia y a la ilusión de participar en algo extraordinario. Las diferencias son abismales: Jones encabezó una secta cuyo desenlace dejó más de 900 muertos en Jonestown. No existe motivo para equiparar sus crímenes con las acusaciones económicas contra Casciari. Pero la pregunta sobre los límites de la devoción resulta pertinente: ¿cuándo la confianza colectiva empieza a reemplazar al pensamiento crítico?

Casciari niega cualquier fraude, reconoce errores de gestión y asegura haber puesto documentación a disposición. La Justicia deberá determinar si hubo una estafa o una administración desastrosa. Por ahora, el profeta del cine independiente enfrenta una crisis de fe bastante terrenal: sus seguidores ya no quieren escuchar otra historia conmovedora. Quieren saber qué hicieron con sus dólares.

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