Paro a la japonesa en la UBA: los docentes están peor que nunca

Con clases públicas, servicios gratuitos y una jornada de 24 horas, la universidad busca visibilizar una crisis salarial que arrastra años y que, según advierten, ya entró en zona crítica.

La Universidad de Buenos Aires se prepara para una escena que, en otro contexto, sería motivo de orgullo institucional y no de alarma: docentes trabajando más, exponiéndose más y ofreciendo más servicios, todo en medio de un reclamo por salarios que no alcanzan. Bajo el lema “El presupuesto baja, nuestro compromiso sube”, este miércoles 15 de abril habrá una jornada de visibilización de 24 horas con clases abiertas, atención médica gratuita y actividades en Plaza Houssay y la Facultad de Farmacia y Bioquímica.

El formato elegido recuerda al llamado “paro a la japonesa”, una modalidad de protesta asociada históricamente a conflictos laborales en Japón, donde los trabajadores no interrumpen la producción sino que la intensifican o alteran para evidenciar su importancia. En algunos casos clásicos, se producía más de lo necesario o se trabajaba a reglamento extremo, generando costos o disrupciones sin dejar de cumplir formalmente con la tarea. Traducido al contexto local: no parar, pero hacer tanto que el problema se vuelva imposible de ignorar. Una especie de sacrificio productivo con vocación pedagógica.

En este caso, el problema es bastante concreto: atraso salarial, caída del presupuesto y una ley de financiamiento que, según los docentes, sigue sin cumplirse pese a fallos judiciales. En los pasillos universitarios circula una definición menos elegante: “trabajar el doble para cobrar cada vez menos”.

La situación no aparece de la nada. El conflicto universitario tiene capítulos recientes bastante más ruidosos. En 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri, la UBA y otras universidades protagonizaron semanas de paro, tomas y movilizaciones masivas por la pérdida del poder adquisitivo. En 2024, ya con el ajuste fiscal en marcha, se repitieron protestas con marchas multitudinarias al Congreso y clases públicas en todo el país. Aquella vez, el reclamo giraba en torno a una ecuación que sigue sin resolverse: salarios que corren detrás de la inflación y presupuestos que llegan tarde o directamente no llegan.

Ahora el método cambia, pero el diagnóstico se mantiene. La estrategia de visibilización apunta a mostrar que el sistema sigue funcionando gracias al compromiso de su comunidad, incluso en un contexto de recursos cada vez más limitados.

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